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Los 18 años marcan el inicio de una nueva desprotección para los miles de niños en acogimiento que se ven obligados a abandonar el sistema de protección en España cada año, abocándoles a una situación de gran vulnerabilidad y exclusión social. Son las conclusiones del informe El inicio de la desprotección. La realidad de la infancia en acogimiento al cumplir la mayoría de edad, presentado por Aldeas Infantiles SOS con motivo del Día Internacional de los Derechos del Niño, que se celebra el 20 de noviembre.

El estudio pone de manifiesto cómo los niños en acogimiento no salen del sistema de protección de manera planificada, discernida y progresiva, sino que se ven expulsados del mismo sin apoyo familiar o social, poniendo en riesgo cuando no deshaciendo todo lo avanzado hasta el momento. Aldeas Infantiles SOS subraya que la obligación del Estado de proteger a quienes han estado bajo su tutela debe extenderse más allá de la mayoría de edad, y reclama una transformación del sistema de protección a la infancia que asuma la transición a la vida independiente como una fase más y prorrogue los apoyos necesarios para la plena integración de los jóvenes en la sociedad.

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“El cese de la tutela administrativa a los 18 años no debería justificar que desaparezcan los apoyos del Estado”, explica Clara Martínez, autora del informe y directora de la Cátedra Santander de los Derechos del Niño en la Universidad Pontificia Comillas. “La obligación del Estado de seguir protegiendo a quienes han estado bajo su tutela se extiende más allá de esa edad”, continúa. “Lo que hace falta es asumirlo y delimitar su alcance en un texto de rango legal”.

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La edad media de emancipación en nuestro país se sitúa en los 29 años. Sin embargo, a los casi 50.000 niños que viven en acogimiento se les exige que con solo 18 años se conviertan en adultos independientes.

Aldeas Infantiles SOS defiende que el interés superior del niño y su derecho a ser escuchado y a participar en las decisiones que le afectan deben regir no solo la entrada sino también la salida del sistema. La protección de sus derechos ha de ser integral, gradual y continua. Por tanto, debe incluir la transición a la vida independiente y la articulación de los apoyos necesarios en función de un plan individual de egreso del sistema, así como aminorar progresivamente las ayudas para que el joven vaya simultáneamente asumiendo más responsabilidades. Y todo ello de manera ininterrumpida, de modo que no se encuentre sin apoyo en ningún momento.

Las consecuencias de poner fin a la tutela de manera abrupta son traumáticas para quienes ya han vivido experiencias negativas en su infancia y abocan  a estos jóvenes a la exclusión social. Tal y como afirma el presidente de la organización de atención directa a la infancia, Pedro Puig, “no basta con alimentar, educar y proteger al niño durante su acogimiento, es necesario no perder de vista que el objetivo es su plena integración en la sociedad. En consecuencia, la transición a la vida independiente y los apoyos posteriores deben entenderse como una fase más de la protección, solo así esta será realmente integral”.

El inicio de la desprotección. La realidad de la infancia en acogimiento al cumplir la mayoría de edad concluye, asimismo, que la legislación vigente en materia de protección a la infancia en su proceso de emancipación es insuficiente y no se adecúa a los estándares internacionales, tanto a nivel estatal como autonómico. En la Ley Orgánica de Protección Jurídica del Menor (LOPJM) las referencias son genéricas y ambiguas y se centran en la preparación profesional entre los 16 y los 18 años. La legislación autonómica, por su parte, es sumamente dispar y, con muy escasas excepciones, las referencias a la emancipación de los jóvenes son insuficientes cuando no directamente inexistentes.

INTEGRACIÓN SOCIAL

El informe también recoge recomendaciones para garantizar un proceso de emancipación que favorezca la correcta integración de estos jóvenes.  Entre ellas, comenzar su preparación para la vida independiente como mínimo dos años antes de alcanzar la mayoría de edad; ofrecerles oportunidades de educación y formación profesional, así como acceso a servicios sociales, jurídicos y de salud, y una asistencia financiera adecuada; asignar a cada niño o niña un especialista que le acompañe en su camino a la independencia; y formar a los profesionales en la transición a la vida independiente.

Del mismo modo, Aldeas propone homogeneizar las ayudas que reciben los jóvenes egresados en las distintas comunidades autónomas, alentar a los sectores público y privado a emplearles y favorecer que aquellos con necesidades especiales puedan optar a servicios de apoyo que les permitan eludir una institucionalización innecesaria al llegar a la mayoría de edad.

La organización de atención directa a la infancia se apoya en su experiencia: comienza a preparar a los jóvenes de sus programas para su transición a la vida adulta mucho antes de que cumplan los 18 años, capacitándoles para que sean autónomos, se emancipen y alcancen su plena integración social y laboral, y acompañándolos también después de alcanzar la mayoría de edad a través del Programa de Jóvenes. Gracias a este apoyo, los chicos de los programas de Aldeas se independizan de media a los 27 años y lo hacen con mayores tasas de éxito de reintegración social que quienes se ven abocados a abandonar el sistema sin contar con los apoyos necesarios.

Además, Aldeas puso en marcha en 2017 el proyecto Preparados para emanciparse, que cuenta con la cofinanciación de la Unión Europea y del Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social, y tiene la finalidad de brindar a los jóvenes una transición gradual a la edad adulta en la que los profesionales que los acompañan tengan la mejor capacitación posible. Preparados para Emanciparse, centrado en la participación de los jóvenes y la formación de los profesionales, recibió en 2019 el Premio a la Innovación de la Red Europea de Servicios Sociales.

DESDE 1967

Aldeas Infantiles SOS, presente en España desde 1967, es una organización internacional, privada, de ayuda a la infancia, sin ánimo de lucro, interconfesional e independiente de toda orientación política. Se fundó en 1949 en Imst (Austria) y hoy está presente en 136 países. En 2016 fue galardonada con el Premio Princesa de Asturias de la Concordia.

Su misión es atender a niños y jóvenes que se encuentran en situación de vulnerabilidad, impulsando su desarrollo y autonomía mediante el acogimiento en entornos familiares protectores y el fortalecimiento de sus redes familiares, sociales y comunitarias. Trabaja para fortalecer a las familias vulnerables, de modo que puedan atender adecuadamente a sus hijos; protege a los niños que se han visto privados del cuidado parental, a los que brinda un entorno familiar protector en el que puedan crecer sintiéndose queridos y respetados, y acompaña a los jóvenes en su proceso de maduración e independencia.


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