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Los toros de la ganadería El Madroñal, propiedad de Joaquín Herrero, y la actuación de los Forcados de Arronches, fueron lo más vistoso del festejo de rejones de este sábado en Moraleja, donde los rejoneadores Sergio Domínguez y Alfonso López Bayo no supieron estar a la altura de las circunstancias.

Las reducidas dimensiones de la Plaza de Toros de Moraleja no sirvieron de pretexto para los rejoneadores, que estuvieron poco elegantes, sobre todo a la hora de matar, provocando innecesariamente la agonía de unos toros que les superaron con creces.

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Hubo tres cuartos de entrada en una tarde calurosa con una ligera brisa de aire. El albero estaba mal, como todas las tardes, y de poco le sirvió el riego que, en mitad del festejo, le dieron los organizadores.

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El ganado de Joaquín Herrero estuvo bien presentado e igualado. Los novillos salieron con fuerza, especialmente el cuarto, aunque estuvieron un poco despistados ante los caballos. Los novillos-toros fueron despedidos con aplausos en el arrastre.

Da la sensación de que el rejoneador de Calahorra, Sergio Domínguez, trató de evitar en todo momento lo que le sucedió hace dosce días en la Plaza de Toros de Fuentesaúco, donde fue gravemente corneado en el abdómen su caballo Gallito. El rejoneador vino a Moraleja de paso, no ejecutó nada bien las suertes y al final recibió la bronca del público por su escaso acierto a la hora de matar.

En el primero de su lote, el toro número 45, estuvo poco fino con las banderillas y enla huida de la última de ellas puso en aprietos a su caballo al encerrarle el toro entre las tablas. Tampoco tuvo suerte con el rejón de muerte, que necesitó hasta cuatro golpes de descabello que el público supo perdonar al obsequiarle con aplausos.

Con Rabioso, el segundo de su lote, marcado con el número 30, estuvo aún peor. Mantuvo el tipo con las banderillas, pero su desacierto en la suerte suprema le llevó a dar al novillo hasta seis descabellos, y eso no se lo perdonó el respetable, que le despidió con pitos y bronca.

Alfonso López Bayo puso más ganas, buscó el cuerpo a cuerpo a la hora de las banderillas y consiguió unos quiebros que encandilaron al público. En el primero de su lote, marcado con el número 33, trató de firmar su faena con arte, pero estuvo poco ágil en la última de las banderillas largas por no encontrar una posición cómoda. Lo mismo sucedió cuando entró a matar, pues dio vueltas en torno a un toro ya malherido hasta meterle el rejón de muerte sólo a medias. Desafortunado al matar, López Bayo dio cinco golpes de descabello al toro y el público le despidió con aplausos.

En el segundo quiso desquitarse de su mala faena con quiebros y adornos que alegrasen a un público contrariado por lo que estaba sucediendo y protagonizó quiebros y adornos en su cuerpo a cuerpo con el novillo. No puso mal las banderillas, pero al entrar a matar pinchó en palo, dio tres pinchazos y, finalmente, metió un rejonazo malo y en el costado a su oponente, que cayó fulminado al suelo. El público pidió una oreja que no tuvo más remedio que entregar la presidenta del festejo.

El grupo de Forcados Amadores de Arronches, capitaneado por Ricardo Nunes, hizo bien sus dos pegas de cara en el primero y segundo de la tarde. Se entregaron bien a la suerte y llegaron con serenidad y templanza a los astados, que pronto quedaron bajo su control. Pueden estar agradecidos Sergio Domínguez y Alfonso López Bayo, pues se ganaron dos inmerecidas vueltas al ruedo a costa de los Forcados de Arronches, que además les cedieron el protagonismo con toda humildad.


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