Octava del Corpus en Peñalsordo: la leyenda que nunca dejó de latir
Más que una celebración religiosa, la Octava del Corpus es un relato vivo, una historia que el pueblo mantiene y recrea cada año, donde pasado y presente se funden en un mismo latido.
En el corazón de la Extremadura más auténtica, en el extremo centro-oriental de la provincia de Badajoz, se encuentra Peñalsordo, un pequeño pueblo que atesora siglos de historia y tradiciones que se entrelazan con la vida de sus habitantes. Sus calles, sus casas blancas y sus plazas se convierten, cada año, en el escenario de una de las fiestas más singulares de la región: la Octava del Corpus, declarada Fiesta de Interés Turístico Regional y Nacional.
Más que una celebración religiosa, la Octava del Corpus es un relato vivo, una historia que el pueblo mantiene y recrea cada año, donde pasado y presente se funden en un mismo latido.
ORIGEN
Su origen se remonta al siglo XVI y está ligado a un episodio bélico que marcó la memoria colectiva del pueblo: un enfrentamiento entre cristianos viejos y moriscos que culminó con la toma del castillo de Capilla. De ese hecho surgió la legendaria figura del general Cachafre y su lugarteniente Palenque, quienes, según cuenta la tradición, idearon una estrategia sorprendente para conquistar la fortaleza: encendieron bengalas en los cuernos de todos los carneros del lugar, engañando a los moradores y provocando su huida. Entre ellos solo permanecieron un abuelo, una abuela y un niño llamado Rafaelito.
COFRADÍA DE LOS SOLDADOS DEL SANTÍSIMO SACRAMENTO
Prometido el triunfo al Santísimo Sacramento, Cachafre fundó la Cofradía de los Soldados del Santísimo Sacramento, cuya misión sería preservar la memoria de ese evento y su vinculación espiritual con la Eucaristía.
La Cofradía se ha mantenido a lo largo de los siglos, con su estructura jerárquica y militarizada: un Mayordomo vitalicio elegido democráticamente, acompañado de un Capitán, un Alférez y un Sargento, además de la Junta Directiva y otros miembros que cumplen roles específicos en la celebración. Esta organización no solo dirige la festividad, sino que simboliza la unidad y la identidad colectiva de los peñasordeños, quienes se reconocen en la figura del Santísimo Sacramento y en la reconstrucción anual de su historia local.
VIGILIA DEL CORPUS
La fiesta comienza con la Vigilia del Corpus, cuando el Sargento, montado a caballo, y el tamborilero recorren el pueblo llamando a los cofrades. La respuesta a la consigna “Alabado sea el Santísimo Sacramento” se convierte en un eco de todos los vecinos: “Por siempre alabado sea”. Los hermanos se reúnen en las Casillas asignadas según su jerarquía y continúan la jornada entre rezos y convites. Al día siguiente, la procesión del Corpus recorre las calles, llevando la Custodia y acompañada por las autoridades locales, hasta culminar en la plaza con el bandereo y el convite en casa del Capitán.
OCTAVA DEL CORPUS
La Octava del Corpus, que se celebra el domingo siguiente, es el momento cumbre de la festividad. Los hermanos y jinetes recorren el pueblo con burros y caballos enjaezados, mientras el sonido de castañuelas y tambores anuncia la recreación de la histórica toma del castillo. En Cacho Jesa, un paraje cercano, se celebra la tradicional “alcancía”, y dos personajes representan a los abuelos que permanecieron en la fortaleza, recordando la leyenda fundacional. Entre risas y emoción, se revive la lucha, los corceles y los burros galopan, y las vaquillas -vecinos disfrazados- persiguen a los jinetes, sumando un toque de humor y color a la celebración.
El ritual culmina con la procesión final hacia la iglesia, donde los jóvenes construyen un castillo humano tras la Custodia y realizan genuflexiones hasta el altar mayor. Tras la misa, la comitiva se dirige nuevamente a la plaza para el bandereo, se repite la diversión con las vaquillas y se celebran los convites. Por la tarde, se transfieren las insignias y se asientan los nuevos cofrades, preparando un nuevo ciclo de memoria y tradición.
Cada cuatro a siete años, un acontecimiento especialmente esperado por los jóvenes, conocido como los Caballitos, añade un toque infantil a la festividad, donde los cofrades llevan caballitos de madera tirados con bridas, recreando simbólicamente la fuerza y el ingenio de Cachafre y su tropa.
La Octava del Corpus en Peñalsordo no es solo un ritual religioso; es una celebración que entrelaza leyenda, historia y vida cotidiana, que muestra la identidad profunda de sus habitantes y su vínculo con el territorio. Cada colorido mantón, cada burro engalanado, cada bengala y cada verso recitado en las Mojigangas resuena con siglos de memoria compartida. Es un viaje en el tiempo que invita a descubrir la riqueza cultural de Extremadura, un lugar donde las historias no se leen, se viven.
En Peñalsordo, la Octava del Corpus es más que una fiesta: es un testimonio del pasado que camina por las calles al ritmo de tambores y castañuelas, una tradición que renueva año tras año la identidad de todo un pueblo.