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Hacia una ecología de la atención

Carmen Conde y Louise Glück son dos poetas que llegan a las librerías para recordarnos la sanación por medio del arte y la literatura. Para reavivarnos las conexiones con la imaginación más viva.

Carmen Conde vuela desde Cáceres hasta Suecia y vuelve. Le acaban de conceder el premio Tundra de Literatura de Naturaleza 2020 por la obra “Vuelos con las grullas. Un relato vivencial desde Extremadura hasta Suecia y más allá”.

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Louise Glück desde Nueva York en forma de lo cotidiano y de una vida social más amplia acaba de recibir el premio Nobel de Literatura 2020, que del sinfín de poemarios y ensayos críticos y pedagógicos rescatamos el último publicado en castellano: “Una vida de pueblo”.

La vida en el pueblo llama la atención a la poesía, a la literatura vivencial, para expresar tanto la duración como la fugacidad del gozo.  De esto hay a raudales en las dos autoras. Relaciones para seguir las rutas migratorias, relaciones de una vida cíclica de pueblo. En ambas surgidas a flor de piel, sin demasiados adornos ni metáforas.

Parte de lo que ofrecen sus miradas poéticas está presente en nuestras vidas: El paso del tiempo y el deseo como producción fértil. De una forma de afectos, a otra de preceptos:

“Debemos ser el único ser vivo en la naturaleza que no es capaz de reaccionar cuando sube la temperatura”. (C.C.).

Te advierto lo que nadie me advirtió” (L. G) “

En un momento tan caótico que desde algunos medios de comunicación alientan enfados, trances y divisiones, como “si no nos estuviera pasando nada extraordinario”, es una alegría comprobar que de lo más cotidiano hasta de la propia enfermedad puede surgir de la escritura una renovada salud inmanente. La salud del tiempo y de lo lugareño.

Las grullas van y vuelven, acaban de llegar a Extremadura desde el norte de Europa, y Carmen lo festeja recordando hasta conectar con las oportunidades de futuro.  El eterno retorno del arte de lo nomádico con las aves migradoras, quizá nos señale un nuevo mapa de entendimiento global más oportuno. ” Juntos obtenemos más logros”.

La vida en el pueblo se hace mineral cuando uno se cansa de caminar. Louise se sienta a la orilla, al lado de una fuente o a la sombra de un árbol, y está junto con los granjeros y los enamorados, con las lombrices, la hierba, los olores, las hojas secas, lo naranjos y el sol aplastante. “Mejor miras los campos ahora, observa cómo se ven antes de que se inunden”.

Devenir grulla, devenir aldea. Imaginarse viajando entre todos los lugares del mundo; “sintiendo la libertad, el compromiso, la belleza, la elegancia y la fortaleza ante la vida” (CC). Imaginarse tumbada sobre una tierra que acoge la forma de nuestro cuerpo animal (humano); “se vuelven no lo que son, sino lo que podrían ser” (L.G.)

Carmen aprovecha todo lo que acoge, desde las sorpresas infantiles a los trabajos de mujeres y hombres del campo “que debemos valorar y primar convenientemente”. Le preocupa lo que agrava los problemas; pesticidas, caza intensiva, extracción de agua y minerales que los especuladores financieros saben bien corromper con el mayor desprecio, casi legal, a los ciclos de la propia vida.  Dehesas, olivares, frutales, huertas y huertos nos dicen más de la tierra que del medioambiente, porque incluye los deseos de las gentes del lugar, que lo reparan y gestionan, también junto con ecologistas y científicos como las recientes plataformas revindican.

Louise es un descubriendo que aborda la infancia y la vida familiar, desde la aparente sencillez, llevada a tal extremo que a veces de tan clara se nos escapa entre los dedos. Quizá como nos ocurre con todo lo demasiado habitual, en el pueblo, que de tan simple nos pasa desapercibido, que, de tan íntimo, de tan entrecasa, no nos preocupa. Las relaciones familiares se fusionan con las relaciones exteriores y se vuelven indistinguibles. Louise siente que “cuando miras un cuerpo, ves una historia. Una vez que ese cuerpo ya no es visto, se pierde la historia que trata de contar”. Los asuntos del día a día se hacen universales.

Ahora hay una necesidad de leer más que nunca para que las librerías sigan abiertas y nos descubran viejas y nuevas escrituras, y de los clubs de lectura virtuales que lo promuevan.  Toda una economía cultural reclama; no dejar la única venta en manos de las plataformas multinacionales, como tampoco en la ignorancia y el fanatismo recitado en un solo libro. (Por cierto, la editora catalana de Louise Glück había decidido cerrar y el Nobel les va a permitir remontar el vuelo).

Carmen y Louise también, sin saberlo, comparten su amor por la enseñanza. Carmen con el alumnado de la facultad de Educación, con los futuros maestros y maestras de la región, Louise con los aprendices literarios, futuros escritores. Ambas sienten que enseñar es lo más creativo que han descubierto.

“Siempre puedo enseñar y siempre encontraré gente que me fascine y que esté haciendo cosas nuevas, que tenga mentes abiertas, que vaya a lugares donde mi mente nunca ha ido” (L.G.).

¿Qué buscamos cuando leemos? Quizá un bonito encuentro de dos mujeres que, desconociéndose mutuamente, el libro y la lectura nos ha permitido casualmente relacionar. Por su oralidad y lenguaje conversacional, mas allá de las habilidades conseguidas por oficio y edad, en esa poesía y en esa prosa hay una exaltación por volver a amar la vida y no la muerte.


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