•  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  

La palabra “democracia” tiene un prestigio casi universal y aparece como lo más racional, lo más justo, lo más libre, donde se respetan las leyes, los derechos individuales y las instituciones de la misma.

Pero, a veces, dentro de algunas democracias, ocurren cosas que parecen extrañas a la misma, como si alguien de fuera, infiltrado, usando la terminología y categorías democráticas, estuviera socavando desde dentro sus valores más esenciales y reconocidos teóricamente por todos los demócratas. Los virus entran fácilmente cuando no hay un control de entrada.

Hace tiempo, en Europa, estaba en discusión que algunos partidos, no democráticos, fueran reconocidos en las democracias, dado que en ellas había libertad para todos. Pero estos partidos, cuando llegaban al poder, negaban las libertades a los demócratas, basándose en que ellos eran el poder del pueblo.

Anuncios
Anuncios

El juego tenía su parte de gracia y una dialéctica diabólica: “aceptadme porque vosotros sois demócratas, nosotros no os aceptamos porque no lo somos”.

El mayor problema de la democracia es que pueda tener el enemigo dentro y no se manifieste de forma clara, sino como virus invisible.

¿Quién iba a dudar de que el Presidente o Vicepresidente de una gran democracia no fueran demócratas, que respetaban las leyes de la democracia? ¿Cómo es posible que, desde el mismo Gobierno, se incitara a sus seguidores contra lo más representativo y sagrado de dicha democracia?

Sin entrar en disquisiciones técnicas y más profundas, creemos que se usa la democracia, en este caso, como en otros, de forma INSTRUMENTAL. La democracia es un objetivo no un instrumento.

La democracia se utiliza para conseguir el poder o mantenerse en él, por encima de cualquiera de los valores defendidos en dicha democracia. Su finalidad es distinta de los valores proclamados. Se utiliza, pues, a la democracia como una etapa instrumental con otra finalidad posterior. Su valor supremo es el poder, a lo que se supeditan lo mismo la libertad, que la verdad, que la justicia o la Constitución de todos. El objetivo final y absoluto al que se sacrifica todo valor, incluida la vida de los demás, es la obsesión por el poder.

Este no es el tipo de democracia que, de algún modo, se proclama e ilusiona como el mejor régimen universal, a pesar de sus posibles fallos.

Los demócratas ocasionales que fingen asumir los valores de la democracia para destruirla desde dentro, no son de fiar. La democracia instrumental es una trampa, dentro de la propia democracia, que debería tener alguna alarma y salvaguarda para no caer en sus engaños. A veces, a la democracia le faltan glóbulos blancos para no dejarse infectar por sus virus enemigos.

Quizás, a la democracia, como sustantivo, le sobran los adjetivos que la desfiguran. Por encima de todo, consideramos que la democracia es el mejor régimen conocido y debe ser protegida de sus enemigos.


Galería de imágenes