•  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  

La Covid-19 nos pilló desprevenidos, aunque la alarma llegara tarde. Conocidos los síntomas y los remedios, aunque casi todos los sigan, siempre hay algún grupo de personas en el que no pensáremos. Hay alguien, empero, que observa la realidad y llama la atención. Les aísla no la enfermedad ni sus síntomas, sino la discapacidad contraída: la auditiva. Unos 6.000 extremeños la padecen. Nadie pensó en ellos cuando nos recordaban los remedios antipropagación: las mascarillas, el lavado de manos, la distancia… Las mascarillas eran una brecha más que añadir a sus dificultades de comunicación, de entender y comunicarse; las mamparas, sumada a la medida de distanciamiento social, otra. Cómo leer los labios o comunicarse con alguien que ignora la lengua de signos…

En 2018, el Centro de Atención de Urgencias y Emergencias 112 de Extremadura puso en marcha el sistema “SVISUAL”, mediante el cual los extremeños con discapacidad auditiva pudieren acceder directamente al servicio al tener tras ellos a un intérprete que traducía sus demandas telefónicas con el lenguaje de signos. Este proyecto de video-interpretación permitía mejorar el acceso al 112 extremeño de personas sordas o con discapacidad auditiva. La Ley 17/2015, de 19 de julio, del Sistema Nacional de Protección Civil, remarca que las actuaciones de este sistema deben regirse, entre otros principios, por los de inclusión y accesibilidad universal de las personas con discapacidad.[1]

Una peluquera gallega, Gemma Valverde, que antes había estudiado Corte y Confección, pensó en una jornada de costura cómo se desenvolverían las personas sordas que no pueden leer los labios, ahora tapados por las mascarillas. Y realizó la primera mascarilla transparente. Su mascarilla inclusiva fue un éxito. Una doctora del Centro Universitario de Vigo la llamó emocionada porque llevaba un mes trabajando sin poder comunicarse con sus compañeros, “que tenían que sacarse la mascarilla”.[2]  Sin embargo, la Confederación Estatal de Personas Sordas (CNSE) advertía en una nota que la falta de accesibilidad a la información y la comunicación a la que se enfrentan las personas sordas no lo solucionaban del todo unas mascarillas transparentes. “La lectura labial no es una habilidad al alcance de todos. Hay personas sordas con restos auditivos, para las que el acompañamiento de la lectura labial puede serles útil, mientras que otras, más allá de entender alguna palabra suelta, no pueden seguir una conversación por esta vía. No hay una persona sorda igual a otra”.[3]

La Confederación Nacional de Personas Sordas (CNSE) avisó al Gobierno del problema: la atención médica y la prestación de servicios ineludibles se hacían por teléfono, mientras se olvidaban medios útiles para este colectivo como las plataformas de videointerpretación. No se olvidan ellos de los intérpretes de lengua de signos al ofrecer sus conferencias de prensa, pero sí de ellos. “Tenemos una doble barrera, la discapacidad auditiva y la que impone el patógeno, y hay pocos mandatarios que se estén dando cuenta”, decía la presidenta nacional, Concha Díaz.[4] No todos, afortunadamente.

———————————————————

[1] Vid.: Unos 6.000 extremeños sordos ya pueden llamar al 112, en Hoy/Efe, de 20/09/2018.

 

[2] Vid.: Mascarillas transparentes que permiten leer los labios, en Atlántico, de 19/05/2020.

 

[3] Vid. CNSE: Las mascarillas transparentes “no son para todas las personas sordas”, en tododisca.com, de 24/04/2020.

 

[4] Vid.: Montañés, Érika: Una barrera transparente para las personas sordas, en ABC, de 20/05/2020.