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La iglesia de la Magdalena de Plasencia abre sus puertas este jueves día 23 con la intención de que el monumento pueda ser disfrutado por todas las personas que se encuentren en la ciudad durante las fiestas navideñas. La Magdalena ha tenido que ser sometida a una serie de reformas que no han podido acabarse hasta principios de esta semana, por lo que se ha tenido que retrasar su apertura que estaba prevista un poco antes.

Las actividades culturales comenzarán a principios de enero, coincidiendo con la inauguración de una instalación del conocido artista extremeño Julián Gómez, ganador entre otros premios, del importante certamen de pintura del Salón de Otoño de Plasencia y que cuenta con obra en numerosas colecciones y museos de arte nacionales como la Colección Banco de España, el Museo Extremeño e Iberoamericano de Arte Contemporáneo o el Museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

Otras actividades previstas en el espacio de La Magdalena son conferencias, presentaciones, organización de cursos y talleres culturales, desayunos de trabajo o profesionales, así como pequeños conciertos, cuentacuentos y teatro.

El horario de visitas se establece en esta nueva andadura de 10 a 14 horas de la mañana, y de martes a domingo. Se pueden concertar visitas guiadas para grupos en el correo electrónico [email protected]. Además, La Magdalena va a contar con un blog en el que se irá informando de la programación de todas las actividades que se realicen y cuya dirección es http://lamagdalenaplasencia.blogspot.com/ 

Sobre la iglesia de La Magdalena

Sus orígenes se remontan a la Alta Edad Media, y son anteriores a la construcción de la muralla placentina cuya forma se adapta en el siglo XIII para incluir en su interior al santuario cristiano preexistente.

La Magdalena fue destruida al menos en dos ocasiones a lo largo de la historia, la primera durante la ocupación islámica y almohade, y la segunda durante la guerra de la independencia por un incendio ocurrido en 1811, fecha desde la que se convirtió en una ruina abandonada hasta su reciente rehabilitación con la que adquiere el estado actual.

El horno conservado en su espacio perteneció a una edificación del siglo XIX y durante un largo tiempo fue usado para realizar platos y dulces caseros, que eran cocidos en este lugar y cuyos sabores familiares recuerdan todavía los placentinos.


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