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El joven novillero Román Pérez (Arlés, Francia, 10 de marzo de 1989), se convirtió en el triunfador de la tercera de abono de las fiestas de San Buenaventura de Moraleja. Logró cuatro orejas a sus dos "victorinos" y salió por la puerta grande en una tarde que le resultó esplendorosa.

El ganado de Victorino Martín estuvo bien presentado, aunque algo desigual. Dos toros estaban bizcos de pitones. Los astados fueron mal picados en general y quedaron algo flojos tras la suerte de varas. La plaza registró tres cuartos de entrada y el tendido de sol aguantó mejor la temperatura que las dos tardes anteriores gracias a una brisa de aire que refrescó el ambiente. En el tendido, entre otros, el ganadero Victorino Martín y los diestros Emilio de Justo e Israel Lancho, éste último ya recuperado de su espectacular cogida en la monumental de Las Ventas el pasado 27 de mayo.

El novillero de Arlés tuvo en el primero de sus novillos a un toro, de nombre Descosido, con el que se recreó por ambos pitones. Toreó en redondo, con naturales y pases de pecho que gustaron al público. Ya había advertido que tenía ganas de torear al mostrar al tendido una serie de adornos con el capote que le llenaron de aplausos. Para colmo le metió una buena estocada a su primero que le ayudó a lograr las dos primeras orejas de la tarde y una merecida vuelta al ruedo.

Pero si en el primero estuvo bien, en el segundo de su lote, Román Pérez se lució. Dio muestras de un toreo elegante a base de naturales rematados con pases de pecho que llenaron de satisfacción a un público entregado con deseos de contemplar un buen espectáculo. El novillero francés supo transmitir su toreo al público, al que le contagió de optimismo y ganas. Imprimió a su faena ritmo, dinamismo y soltura, y demostró que sabe matar, pues la estocada con la que remató a su segundo levantó a la plaza, que no contenta con las dos orejas, llegó a pedir el rabo.

De continuar así, Román Pérez, que debutó con caballos el 8 de abril de 2007 en su tierra natal, tiene un nombre abierto en las páginas del toreo, aunque debe aprender a hilvanar aún más sus pases y recortar distancias con el toro entre pase y pase.

El portugués Nuno Casquinha tuvo en su primero a un novillo de nombre Mediopelo, marcado con el número 27, al que le intentó sacar faena por el pitón izquierdo; como no lo logró y el pitón derecho no le convencía, se apresuró a matarlo de una buena estocada. El público le obsequió con una ovación.

Al segundo de su lote lo picaron mucho y mal. El portugués tardó mucho en colocar al toro hasta el primer muletazo e intentó dar atractivo a la faena con un par de pases de rodillas que imprimieron algo de ritmo a su anodina tarde. La buena estocada con que despachó al novillo, de nombre Herbolario y marcado con el número 109, fue decisiva para conseguir una oreja, seguida de vuelta al ruedo.

El mejicano Angelino Arriaga quiso pero no pudo. A su primero (Plumero, número 104), le toreó muy a la carrera. El novillo acusó la suerte de varas y tampoco dio más de sí. Mató de una estocada y el público pidió una oreja que la presidencia no le otorgó, por lo que se tuvo que conformar con la ovación del tendido.

En el segundo de su lote Arriaga hizo más de lo mismo. Dio algunos pases en redondo y mejoró su estilo, pero no fue suficiente para convencer al respetable porque ni conectó con el público ni remató su faena, falta de redondeos. Mató de una estocada y una entera y recibió la ovación del público.

Como anécdotas de la jornada, a destacar dos. La primera, el resbalón de un banderillero de la cuadrilla de Román Pérez a los pies del quinto de la tarde que se quedó en un revolcón. La segunda, la salida al ruedo de un espontáneo con aparentes síntomas de embriaguez en el sexto que quedó en denuncia de la autoridad competente y la tramitación de la correspondiente sanción administrativa.