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Moraleja terminó el primer espectáculo de las fiestas de San Buenaventura con una novillada con picadores en la que el ganado de Cebada Gago fue lo más destacado. Los novillos, de tres años, estuvieron bien presentados y dieron buen juego. Estuvieron por encima de los novilleros y fueron picados en exceso durante la lidia. Con una elevada temperatura, la plaza registró tres cuartos de entrada, la mayoría en la sombra.

El novillero José Carlos Venegas fue el que más ganas puso ante los dos novillos de su lote. Al primero de ellos, un retinto que fue el mejor de la tarde, Venegas le pudo sacar más partido. Aunque le desarmó en dos ocasiones, el novillero mantuvo un cuerpo a cuerpo atractivo con el toro a base de naturales, pases de pecho y en redondo que agradaron al público. También jugó con el astado al darle unos muletazos por detrás. Mató de una estocada entera y fue obsequiado con una oreja y vuelta al ruedo.

En el segundo de su lote, Venegas comprobó que el toro había sido picado en exceso y pidió el cambio de tercio antes de poner el tercer par de banderillas. Logró torear con personalidad, con los pies juntos, en redondo y por detrás. Su faena, seria y elegante, fue de las mejores. Tuvo mala suerte con la espada, pues mató de un pinchazo y una entera, pero logró una oreja y vuelta al ruedo.

Mario Aguilar, de Aguascalientes (Méjico), mostró en Moraleja un toreo demasiado lento que no logró encandilar al público. Su primer novillo también se quedó con solo dos pares de banderillas después de perder fuerza tras la actuación del picador. Mató de una estocada desprendida pero efectiva que le permitió irse con una oreja y vuelta al ruedo.

En el segundo de su lote no cambió su forma de torear, también demasiado tranquila. Aguilar lo intentó, pero tardó mucho en llegar a la faena, provocando un toreo lento y, en ocasiones, aburrido. Mató de un pinchazo, una estocada atravesada y una entera. El público respondió con división de opiniones: silencio y aplausos.

Carlos Durán tuvo en su primero al toro con más brío de la tarde, pero tampoco supo o pudo sacarle todo lo que encerraba. Con la muleta no hizo nada especial y lo mejor fue la suerte de matar. Aunque falló primero con un pinchazo, luego dio una estocada entera muy efectiva que hizo que el toro doblara solo y que mereció su recompensa. Logró una oreja y vuelta al ruedo.

En el segundo de su lote, el último de la tarde, Aguilar puso todo su empeño en la faena para contrarrestar la mala suerte que le acompañó desde el principio y que despistó al público, con un caballo tendido en el suelo en dos ocasiones. Hizo una faena seria y logró concentrar a un público que casi se marchaba de la plaza en el último toro. Mató de una buena estocada y dio la vuelta al ruedo.