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Miles de cacereños acompañaron ayer a la Virgen de la Montaña en su regreso a al templo de la Sierra de la Mosca. Los montañeros esperaron y siguieron el paso de la patrona en todo el recorrido, desde que a las nueve de la mañana, puntual, se iniciara en Santa María el camino de regreso a hombros de los hermanos cofrades. En la salida de la imagen se escenificaron ya las primeras aglomeraciones de la jornada en el tramo entre la plaza de Santa María y el Arco de la Estrella, donde el público que había llenado la concatedral en el acto religioso de despedida, intentaba abrirse paso entre los cofrades que iniciaban la procesión.

Mientras tanto, los jarrones de plata con flores blancas asomando sobre la puerta principal de Santa María anunciaban la salida de la imagen, engalanada para la ocasión con el manto número 99, de terciopelo rojo bordado en hilo de oro, con el que le obsequió la cofradía en el año 1998 y portando el bastón que acredita su condición de alcaldesa honoraria durante su estancia en la ciudad. No se usó finalmente la corona de estilo Rococó, sino la conocida como de diario , de plata labrada y bañada en oro, que ya lució en la bajada, el pasado 23 de abril.

Siguiendo el ejemplo de ese día y de los siguientes, el sol también lució en la jornada de regreso, engalanó el trayecto y animó al público a acompañar a la patrona. En una jornada de calor casi veraniego, la única lluvia que cayó a lo largo del recorrido fue la de los pétalos que lanzaron muchos de los cacereños que esperaban en los balcones el paso de imagen.

 

PETALOS DE ROSA El primer aguacero fue saliendo de la plaza Mayor, junto al arco de flores instalado en el acceso a la calle Pintores. Antes, la cofradía cumplía con uno de los ritos de esta procesión y rendía honores al ayuntamiento y al pueblo cacereño, girando las andas de forma que la Virgen de la Montaña quedó mirando a la casa consistorial.

Desde ahí la procesión se dirigió, con más ligereza de lo habitual, hacia Fuente Nueva, donde, entre balcones vestidos con mantones y banderas, comienza el trayecto en el que cada año se viven los momentos más emotivos.

Tras superar el habitual altar de flores en esta calle, y acceder a Mira al Río otro altar, flores y una fotografía enmarcada anunciaba uno de los momentos más emotivos, que este año finalizó en anécdota. La foto recoge la imagen de Antonia Galeano, cuyas manos se ocuparon durante más de 40 años de lanzar al vuelo dos palomas al paso de la imagen de La Montaña por este punto. Fallecida hace un año y medio, sus hijas tomaron el testigo el año pasado, y ayer dieron de nuevo cumplimiento a la tradición. "Así nos lo pidió ella y y así seguiremos haciéndolo cada año en homenaje a lo que ella inició", recordaba emocionada, Josefa Cortijo, mientras sujetaba las dos palomas que lanzaría instantes después.

 

DESPEDIDA OFICIAL Una de las aves no emprendió inicialmente el vuelo, y quedó posada en la media luna situada a los pies de la talla, donde se mantuvo durante unos metros, mientras la imagen avanzaba hacia Fuente Concejo. Allí, aplausos y vivas recibieron a la patrona y precedieron el acto con el que se pone fin al desfile procesional y a la estancia de la alcaldesa honorífica en la ciudad. La alcaldesa, Carmen Heras, presidió la comitiva de autoridades civiles y mandos militares que precedieron la imagen de la patrona durante el desfile procesional. Entre ellos estaba un nutrido grupo de concejales, el teniente coronel del Cimov, Jesús Estacio, y varios mandos de la Guardia Civil, Hermana de Honor de la cofradía.

El obispo, Jesús Cerro, pronunció la despedida a la imagen y la alcaldesa recuperó el bastón de la ciudad que durante estos nueve días ha estado en manos de la patrona. El encargado de entregárselo fue, Rafael Valiente, quien durante los últimos 40 años ha protagonizado esta escenificación del traspaso de poderes . "Solo he faltado en dos ocasiones, por motivos de salud, y mientras tenga fuerzas seguiré haciéndolo porque es un honor", afirmaba ayer, tras descender de las andas.

 

ROMERIA Nuevos vivas a la Virgen de la Montaña, a la cacereña bonita y a la madre de dios dieron paso al aplauso con el que la ciudad despedía a la patrona, mientras los hermanos de carga emprendían el paso ligero con el que la procesión cede el testigo a la romería. En el tramo entre el Amparo y el Calvario, los hermanos de carga cedieron el testigo al pueblo, que, como es habitual, llevó a la patrona, con más intención que acierto en este tramo.

Hasta el Santuario, ambiente festivo y refrigerios a base de bota de vino y pinchos de patatera y queso, para los hermanos y el nutrido grupo de cacereños que se atrevió a subir ayer. El mayordomo de la cofradía, Jesús María Larrazábal, destacó que "este año más que nunca la ciudad se ha volcado con la patrona", y se refirió a la cantidad de cacereños que han pasado cada día por Santa María.

El coro rociero recibió a la patrona en la explanada del Santuario, en la última parada. Después, entre nuevos vivas y hasta el próximo año, La Montaña volvió a su ermita.


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