Un prodigio de la Santísima Virgen de la Montaña en marzo de 1835

FÉLIX PINERO
Un prodigio de la Santísima Virgen de la Montaña en marzo de 1835

Qué fuere un prodigio, como señalare el autor, sino una “maravilla, milagro, portento, asombro, fenómeno”, sinónimos todos del vocablo, según la Real Academia Española de la Lengua (RAE). Del latín, prodigium, en una primera acepción, señala como `prodigio´, un “suceso extraño que excede los límites regulares de la naturaleza”; en una segunda, “cosa especial, rara o primorosa en su línea”; y la tercera, `milagro´, “hecho de origen divino”.

Sea como cada quien quisiere señalarlo, el `prodigio´ lo relata el presbítero que firma D. M. S., en el “Boletín Oficial de Cáceres” del día 3 de abril de 1835, bajo el título de “Comunicado” (Cáceres, Imprenta de don Lucas de Burgos, 1835).

Señala el autor que, “aunque son bien notorias en la provincia, y aun en gran parte de la Nación, las maravillas, milagros y favores que nuestro Dios y Redentor Jesús ha dispensado en todo tiempo á los vecinos de esta Villa y Capital de Cáceres por la mediación de su Patrona, la Sacratísima Virgen María, cuya Efigie veneran con el título de Montaña, no debe estar en silencio, antes por el contrario hacerse tan notorio que nadie lo ignore, el prodigio obrado ahora recientemente por la intercesión de esta Sacratísima Señora”.

Relata el presbítero que el ayuntamiento de la villa y capital, viendo con dolor la ruina que amenazaba a los campos, estableció acogerse (“como en toda aflicción lo ha hecho”) al refugio de la Montaña y determinó la bajada en procesión pública para rogativas la tarde del 24 (de marzo del mismo año). El día amaneció “despejadísimo”; pero tan pronto como la mueven de su trono, a las 11:00 del mismo día, para adornarla y ponerla en las andas, se levantaron algunas nubes… A las cuatro de la tarde salen procesionalmente desde Santa María (hoy concatedral) el clero, las venerables religiones de Santo Domingo y San Francisco, el pleno del ayuntamiento, presidido por el gobernador civil; un piquete de la Milicia Urbana y una numerosísima parte del pueblo.

Por instantes, se vieron aumentar las nubes según se aproximaba el movimiento de la patrona. “Lo cierto es que se retrasó algún tanto la salida de la procesión del santuario por la lluvia que cayó, y continuó variando de direcciones toda la tarde”…  Añade el cronista admirado: “¡Cuál sería el gozo de los devotos cacereños a la vista de tan patente milagro!” Resulta imposible describirlo y añade que, a la llegada de la Virgen a Santa María, cerca de la noche, el obispo de Coria ocupó la cátedra de Espíritu Santo, “infundiendo sapientísimamente a sus amados hijos en Cristo la devoción y confianza en María Santísima”.

El día 25, para que los fieles redoblasen su devoción y súplicas, el obispo determinó sacar en procesión pública la sagrada imagen por las calles. La procesión la presidía Su Excelencia Ilustrísima, a quien acompañaban, como en la tarde anterior, el Ilustre Ayuntamiento, el gobernador civil y el comandante general del distrito militar, con el correspondiente piquete de Milicianos Urbanos, “estando toda la carrera de la procesión ricamente colgada”.

La atmósfera continuó cargada “y ya hemos visto romperse las cataratas del cielo y llenar la tierra de agua. Y á la vista de tan repetidos beneficios como diariamente experimentan los cacereños de su soberana y patrona, ¿no podrán con razón vanagloriarse de ser los predilectos de María Santísima?”

Concluye el cronista con el deseo de que “Dios quiere abrir con los ojos de la fe a los que lean este comunicado, para que viendo a las claras los beneficios que María Santísima de la Montaña prodiga sobre su pueblo devoto de Cáceres, se aumente la devoción a la Reina de los Ángeles y hombres, única e irresistible medianera entre estos y Dios, cuyo fin se ha propuesto el dar al público esta cristiana noticia”.

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