Se trata de un equipo portátil que debe ser manejado por agentes de tráfico y que actúa de forma similar a una cámara de videovigilancia avanzada.
Su finalidad es concienciar a los conductores sobre el respeto a los límites, fomentar una conducción responsable y reducir la siniestralidad.
En el marco de esta operación, se intensificará la vigilancia en tramos de riesgo por velocidad excesiva, así como en puntos donde se supera habitualmente el límite permitido y existe un alto índice de siniestralidad.
Estos radares tienen una misión fundamentalmente educativa: persuadir a los conductores para que reduzcan la velocidad en zonas específicas. Cada municipio decidirá el lugar de instalación, “pero suelen ser en travesías, zonas de colegios, o espacios por donde transitan muchos peatones”.