El partido socialista, con sus proclamas por la justicia, la solidaridad y la libertad, aparecía como el partido esperado y deseado por un pueblo frecuentemente maltratado e indefenso. El socialismo venía, como una especie de mesías, a salvar al pueblo de tanta injusticia, de tanta discriminación y de tanta explotación. El gusano se había convertido en mariposa, con múltiples colores y un atractivo increíble para un pueblo necesitado de un salvador a nivel social y político. He oído a muchas personas hablar de “nuestro partido” o “de los nuestros”. Tal era la sensación de un pueblo indigente ante un partido que decía comprometerse con él.

El problema actual es que la metamorfosis del Partido Socialista en España no ha dejado de evolucionar. De gusano a mariposa fue su etapa áurea. Pero, cuando la mariposa pierde sus alas, se convierte otra vez en gusano. Esta metamorfosis, todavía imperceptible para algunos, está haciendo un destroce muy importante en las mentes del “proletariado” y de otras  mentes, que soñaban con que el socialismo defendería los valores esenciales de una nación que se aprecia a sí misma.

Desgraciadamente, esta última etapa del socialismo, en lugar de atender el deseo mayoritario del pueblo, ha usado su influencia en el mismo con criterios totalmente inversos a los que el pueblo, de un modo quizás ingenuo, maneja en su inconsciente colectivo. Está en el ideario común del pueblo la imagen de Diego Corriente, el ladrón de Andalucía, “el que a los ricos robaba y a los pobres socorría”. Supuesta la falta de ética en el robo a los ricos para ayudar a los pobres, lo que no entiende el pueblo es que se robe a los pobres para ayudar a los ricos. Esta parece ser la evolución de un partido socialista que se solidariza dando privilegios y prebendas a las Comunidades más poderosas a costa de los pobres. “Aquí está Diego Corriente, el ladrón de Andalucía, el que a los pobres robaba y a los ricos socorría”.

Anuncios
Anuncios

No es fácilmente comprensible que un partido socialista esté volcado con los que tienen privilegios medievales  y otros conseguidos a base de presión, y que asuma el papel el partido salvador que cambia de bando. Hay una sensación muy común de que el partido socialista se ha asociado (porque así lo dicen ellos), con los enemigos de España y que, abiertamente, pretenden destruirla y, expresamente, los están ayudando a costa de menospreciar a las comunidades más necesitadas. Esto, teóricamente, se atribuye al capitalismo, con intereses  no en los necesitados, sino en el capital. Que el “defensor de los pobres” se haya convertido en el defensor de los ricos y de los peores, que se declaran enemigos de la unidad de la nación y su propósito de destruirla, cambia radicalmente la imagen histórica de un socialismo cuya metamorfosis está desembocando en todo lo contrario de lo que se esperaba de él y de sus mensajes.

El socialismo, en la mente del pueblo, tenía cierta proximidad con las ideas cristianas y entraba en sus mentes como algo justo, algo necesario, algo humano y, podríamos decir, cristiano. La metamorfosis ha cambiado radicalmente esta imagen en muchísimas personas. Otras, esperan la reconversión a sus ideales primeros. El cambio de paradigma, en esta última etapa del partido socialista, ha cambiado la ética del deber por la ética del poder. Tratando de conseguir el poder a costa de lo que sea, se ha unido a los poderosos, aunque la fuerza pudiera ser diabólica. La moral del éxito ha trastocado todos los valores humanos, que hacían al socialismo como un aliado permanente y seguro del pueblo llano, sensato y cumplidor de la ley con la solidaridad con los más necesitados. Todo lo supedita al poder como valor supremo. Es justamente la antítesis de la solidaridad con el débil, cambiada por la solidaridad y ayuda al que no la necesita, al poderoso.

Este cambio de paradigma nos lleva a aquella frase: “La corrupción de lo mejor se convierte en lo peor”. Valdría la pena que los socialistas que mantienen aquellos valores, que suponían la defensa del pueblo, reflexionaran y no permitieran esta corrupción infame de los valores que les hizo parecer la salvación de un pueblo indefenso. El cambiar el mundo real por el mundo virtual, sometiéndolo a la suplantación de la verdad por la mentira, la cárcel por la libertad, la opresión por la liberación, hace que al partido que consideraban defensor del pueblo, algunos lo vayan considerando como el enemigo del pueblo.

El incumplimiento de la ley, la destrucción de la casa común, la propia lengua materna negada al pueblo llano para imponer una dictadura insoportable, los espías para niños que hablen español, la corrupción a base de dinero de sindicatos y partidos que, en principio, defendían al pueblo, están representando una operación diabólica, a pesar de la propaganda permanente para ocultar la lluvia de millones robados a las comunidades pobres, para entregarlos a los privilegiados. Pactar con el diablo no parece ser el ideal de un pueblo sensato y de unos gobernantes que no aceptan otros valores que el valor “supremo” del poder. Nos gustaría equivocarnos, pero no vemos solución para este partido que debería ser el defensor del pueblo.