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En estos días los agricultores y agricultoras que se dedican a la producción de flores en toda España estamos a pleno rendimiento. Se acerca la festividad de Todos los Santos, una tradición milenaria en la que, por un día, pensamos un poquito más en los que nos precedieron, en nuestros seres queridos que ya no están, salvo en nuestra memoria y en nuestro corazón. Una tradición de la que las flores siempre han formado parte activa.

Los seres humanos nos comunicamos de muy diferentes formas. También lo hacemos con flores. Es una forma de lenguaje no verbal que expresa mucho por muy poco, y que forma parte de todas las culturas humanas desde tiempo inmemorial. Las flores son un símbolo de belleza natural que se puede transportar, conservar y regalar. Son también un pedacito de campo que reconforta, alegra y nos ayuda a ser un poco más felices.

Las flores son también un importante sector económico. España destina más de 1.200 hectáreas a la producción de flores, y casi 5.000 a la producción de plantas ornamentales, con miles de profesionales que estos días suelen vender cerca del 20% de la producción anual. Afortunadamente, la situación sanitaria dibuja un panorama más esperanzador que el pasado año, cuando la pandemia –y ciertas decisiones políticas en algún caso cuestionables– prohibieron acudir a los cementerios a adornar con flores los sepulcros de nuestros seres queridos.

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La situación del sector de la flor cortada ha ido mejorando poco a poco tras la ruina que supuso la pandemia. Los ciudadanos y ciudadanas han vuelto a adquirir flores con regularidad, señalando los momentos especiales y adornando los cotidianos. Y es que las flores son un elemento muy arraigado en nuestra cultura mediterránea que además se renueva constantemente, logrando el apoyo de las nuevas generaciones.

En los últimos años hemos podido ver cómo el boom del plástico ha hecho que algunas personas adquirieran flores de este insostenible material, que además, permítanme decirlo, ni se acercan en belleza, frescura y aroma a las naturales. Desde UPA queremos lanzar un mensaje en contra de estos plásticos “adornos”. Las flores naturales son flores sostenibles, y muy especialmente las de cercanía, producidas cerca de nuestro pueblo o ciudad. Son flores que reducen la huella de carbono al tiempo que generan empleo y riqueza en nuestras zonas rurales.

La producción anual de flor en España ronda los 900 millones de euros, de los que casi 300 millones se exportan. Unas cifras nada desdeñables y que esperamos ver crecer en los próximos años. Los productores de flores reivindicamos nuestra importante labor, una labor de preservación de uno de nuestros principales símbolos culturales que debe seguir más vivo que nunca.


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