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Hacia una ecología de la atención 

“América, América”. Esta fue la película que Elia Kazan en 1963 imaginó, de una manera crítica, el sueño americano, el cual durante todo el mes de noviembre nos mantendrá aún en vilo. No solamente ya estábamos introduciendo, en el calendario europeo de este mes, los grandes alentadores de consumo como el halloween, los ciberlunes de las plataformas digitales multinacionales o el black friday sino que, de cuatro en cuatro años, seguimos expectantes los resultados a la elección del nuevo presidente en USA.

“América” es la autodenominación que Estados Unidos se otorga, de manera prepotente, para definir todo un continente. Y desde la segunda guerra mundial lo típicamente americano se nos ha ido introduciendo por todos los poros. Productos y marcas, costumbres y políticas, comportamientos y artes. Desde el chicle a los cigarrillos, desde las camisetas a los cochazos. Logran fundar la organización mundial del comercio (OMC. Ginebra, 1995)) de obligado cumplimiento para todo el mundo, y de esta globalización recolonizadora venimos: “seguimos observando la realidad del mundo a través del retrovisor yankee”. (Ignasi Gozalo. “Una nación exhausta”. 2020)

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Y precisamente ahora que la pandemia se ha instalado comprobamos que todas las promesas de felicidad globalizada, incluida la de la inmunidad, dejaba fuera a buena parte del mundo. Un nuevo mapa geosocial y sanitario para un nuevo siglo que nos descubre múltiples vulnerabilidades; la económica, la ambiental, la psicológica y la de gobernanza mundial.

Claro que se han logrado grandes avances sociales y económicos, que primero beneficiaron a los ciudadanos americanos, luego se trasladaron a la reconstrucción europea y   ahora solo lo hacen al “mercado”. Estamos asistiendo a la ilusión de que las democracias liberales habían triunfado universalmente, a la crisis manifiesta del neoliberalismo, y a la vez a la aparición de China (nuevo centro industrial mundial), dispuesta a disputar ese liderazgo financiero y mercantil, por no decir político y social, que ya algunos escriben con “nueva” guerra fría.

Y quizá lo entendamos mejor al hacer el seguimiento de las elecciones de la actual potencia hegemónica mundial, que creadora de la actual democracia moderna fue capaz, hace cuatro años, de elegir a un presidente que no solo es extravagante (en Italia ya lo comprobamos durante la primera década del siglo con Berlusconi), sino que gobierna por encima de la ley alentando el odio, el resentimiento y la revancha hacia el otro. Un “efecto contagio” cuya mejor estrategia se sitúa en las redes sociales, donde un “me gusta” o “no me gusta” es toda la respuesta liberadora ofrecida, sin distinciones.

Y noviembre seguirá siendo testigo de las maneras convulsivas no tanto de una figura histriónica que se niega a dejarlo, como de una crisis profunda de la democracia estadounidense que debe resolver responsablemente.

¿Qué ha pasado para que un personaje como Trump haya estado presidiendo la mayor democracia mundial? ¿Qué está pasando con las sociedades democráticas?

Al menos tres aspectos o lecciones interrelacionadas, nos gustarían extraer de la actual convulsión norteamericana.

Primero; el fin del bipartidismo que como fórmula democrática instala la sucesión por turnos de uno y otro partido en el poder, debiendo para ello controlar la representación en ambas cámaras, congreso y senado. Por los resultados actuales, el ganador es el nuevo candidato J. Biden pero aún sin ningún control del senado, el cual podría estar en manos del partido de Trump con causas pendientes judiciales varias. Difícil gobernanza en un país donde también hay otros partidos en liza, pero donde no se ha planteado un gobierno por coaliciones.

Segundo: el caso Trump es el primer intento de cómo una democracia consolidada y de estado de derecho, comienza a judicializar cualquier ocurrencia, exhibición o insulto que provenga del que mayoritariamente sale como “triunfador”.   EEUU no es un estado de excepción, más bien se está transformando en un “estado de legalidad”; en un estado donde incluso los tribunales de justicia hacen que todo tipo de prácticas excluyentes, racistas, se conviertan en legales e incluso constitucionales. De repente todo lo grotesco es popular e incluso se discute jurídicamente, legitimándolo.

Tercero; el fin de las dos direcciones ideológicas, donde acaban situando a unos a la derecha y a otros a la izquierda, con el resultado de comprobar que el campo más conservador busca   una masa de gente reaccionaria, brutal y rechazada que siente consuelo apoyándose en figuras autoritarias.  Hay una cierta incapacidad de la izquierda para conectar con los sectores más desfavorecidos, perdedores sociales y económicos que no se reconocen como minoría y por tanto están en el olvido. Son estos los que han aupado a Trump en el gobierno, independientemente de si son mujeres, latinos o negros.

¿Diríamos que algo parecido está ocurriendo en España? Ahora tenemos un gobierno de coalición aprendiendo a dar respuestas, en la extraordinaria situación sanitaria y económica, bien diferentes a las que un gobierno monocolor ofrece en el resto del mundo democrático. Respuestas también políticas en el actual intento de judicializar toda la vida ciudadana. Repuestas de entendimiento a fin de incidir en las realidades materiales, sobre lo que está sucediendo no solo en lo económico sino en las relaciones sociales, de empobrecimiento y ayuda caritativa incluso para comer.

Atención a la infinidad de medios de comunicación actuales que priman el espectáculo violento y el simulacro permanente, que no la riqueza de pensamiento y de acciones colectivas y sociales en busca del bien común. Es cierto que necesitamos entretenimientos populares, pero quizás no para copiar los de una nación exhausta. Hay una gran mayoría de norteamericanos avergonzados e indignados del proyecto trumpiano y de sus acólitos que en Europa intentan seguirle. Hay una ciudadanía europea emancipadora y creadora no basada ni en la superioridad ni en unos orígenes míticos.

Recomendamos el monográfico “América en crisis” Revista “La Maleta de Portbou”.. Nov-dic- 2020.


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