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Pueden Vds. Vencerme, pero no podrán  convencerme. Está mañana estoy como si me faltara el aire, no consigo respirar. El aire que puede llenar mis pulmones no consigue oxigenar las células de la cabeza, de mi cerebro. Creo que no estoy despierto, que esto es un mal sueño de un demócrata. Una horrible pesadilla de la que quiero despertar lo antes posible.

Mi angustia, empezó el día que un mando de la G. Civil, dijo en una rueda de prensa. “Se está haciendo un seguimiento de las redes, para evitar aquellos comentarios, contrarios a las noticias que da el Gobierno, sobre la pandemia”. Hoy se hace realidad el ministerio de la verdad. Como es natural solo puede ser creado por los mentirosos, aquellos que a fuerza de repetir y repetir, creen convencernos de su mentira-verdad.

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Al frente, para que no tengamos dudas, Iván, ¿qué Iván? El Mujik -que significa hombre en ruso- y se empleaba para referirse a los campesinos que no poseían propiedades; es decir los mujik eran los siervos del señor. Sí, el caballo de Troya, sin Helena. En la literatura rusa “en ocasiones, se le presenta como alguien perverso y corrupto”.

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Pues en esas manos estará “el ministerio de la verdad”. Es para preocuparse dado el resultado obtenido con el “ministerio de la igualdad”, que ha servido para que su titular se iguale con la casta.

Hace muchos años, cuando las teles comenzaban a ser en color en los EE UU, pero aquí seguían siendo en blanco y negro, Don Manuel se bañaba en Palomares porque no pasaba nada, no había pasado nada y los americanos habían jugado y se les habían caído en el mar unos juguetes. Era el 17 de enero del año 1966. Hasta hace cuatro días no hemos sabido la verdad y las gentes de estas tierras siguen sufriendo las consecuencias.

En 1978 existía en este país un ministerio de índole parecida, no había redes sociales, no, pero había periódicos, revistas, conciertos y hasta escritores y cantautores que comenzaban a levantar la cabeza. Gran delito, decían lo que no gustaba oír al gobierno, que  por entonces era una “dictablanda”; para ello, antes de un recital o un concierto debían remitirse al Gobernador Civil de turno o de provincia las letras de las canciones, poemas o escritos que se iban a interpretar; eso sí, con veinte días de antelación, lugar y hora de la actividad y, por supuesto, el DNI en la boca de los organizadores.

Al cabo de algunos días llegaba la respuesta, autorizado o denegado, y en el caso primero la edad para poder acceder al concierto o recital. Las letras que se enviaban solíamos sanearlas para que no levantaran muchas ampollas al censor. No obstante te las devolvían con unos sellos puestos en rojo -tenía que ser rojo-: Prohibida su ejecución en público; o en Azul: Autorizado para mayores de x años.

Llegado el día del concierto entre el público siempre uno “de la secreta” se ponía en un rincón, como si por ello llamara menos la atención y linterna en mano seguía palabra por palabra las canciones o los poemas. Si te desviabas de lo que le habías mandado por triplicado ejemplar podías terminar o no el concierto, pero lo que era seguro es que acababas en el cuartelillo o la comisaria. Con suerte multa, que ya pagaban por voluntad popular o por las cajas de resistencia que estaban en todas partes, porque el caché, generalmente era nada o la voluntad de nada.

Esta era una de las magníficas funciones del ministerio de la verdad de la dictadura, lo mismito que quiere y que hará -si no ya lo veréis-, el del Gobierno de Sánchez-Iglesias. Tienen otra cosa en común: entonces era por el bien de España y ahora es por el bien del Gobierno, que de verdad dudo que sea del Partido Socialista Obrero Español.

Ya lo dijo Alfonso Guerra: “El que se mueve no sale en la foto”. Eso, se lo debe haber dicho El Mujik, porque ni el que rompe cristales, que se ha convertido en faquir, y se los comió, ni el que decía “esta situación se llevará por delante a toda la especie política actual”, no dicen ni “pío pío”. Ni se mueven un milímetro, no sea que los consideren fake y dejen de salir en la foto.

El colmo del despropósito -nos llevan vendiendo-, es que Trump está loco, que si pierde no se va a ir ni con agua caliente, que ya veremos qué pasa en los EE UU. Y todo esto porque en un país democrático como pocos votan a este señor. Claro, por lo que me venden en este país es para odiarlo, yo no estoy allí.  Pero me pregunto cómo es posible que le voten 60 millones de norteamericanos. ¿Están todos tontos? ¿O hay una parte de la historia que no nos llega?

Me preocupa la deriva que está tomando el mundo,  ya no sé qué es verdad ni mentira, que está arriba o abajo. Voy a esperar el diario hablado de Radio Nacional de España, o el No-DO -que seguro empieza pronto-, del ministerio de la verdad. “Por si acaso yo no vuelvo, me despido a la llanera, Venezuela, Venezuela”.


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