•  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  

No, el título no es original, creí que sí, pero ya se le ha ocurrido a otros antes. Y no, no voy a cansarle desmontando las premisas de Vox: negación de la violencia de género como un fenómeno singular (como el terrorismo, la pederastia…); identificación de inmigrantes (sobre todo MENA)-delincuencia (en Extremadura, tierra de emigrantes, ¿delincuentes en Alemania, Suiza, Francia, Madrid, Cataluña…?); imposición de la moral individual vinculada a la religión católica como normativa legal general (aborto); ataque al Estado de las autonomías (resaltando distorsiones e ignorando aportaciones); exaltación de gestas, mitos y leyendas (como si glorias militares pasadas, reales o leyendas, fuesen la meta de una sociedad moderna), o definición estricta de la ‘españolidad’ (en un corsé que a la mayoría nos situaría como poco españoles e, incluso, como antiespañoles).

Todo eso está en su ideario y en sus discursos, y quien quiera creerlo, pues vale. Hay quien sostiene que la tierra es plana, que las vacunas son malas o que el coronavirus es una conspiración internacional.

No lo haré, porque por encima de ese ideario, en realidad un confuso gazpacho de proclamas populistas, análisis infantiloides y soluciones mágicas, me llama la atención su estrategia.

Y la defino como la ‘Estrategia del Mississippi’ (esto si es mío, creo). Algunos recordarán un programa, de los que ahora se llaman late night show, llamado ‘Esta noche cruzamos el Mississippi’. A este programa sucedería otro de similar corte, ‘Crónicas Marcianas’, pero como la vela de delante es la que alumbra, he elegido el de Navarro para dar nombre a la estrategia.

¿En qué consiste básicamente la ‘Estrategia del Mississippi’? Pues en lo mismo que hacía el programa al que aludo: para mantener la audiencia, ir subiendo el tono de la astracanada y el esperpento día tras días, buscando sorprender-escandalizar con tratamientos superficiales y provocadores, sin más deseo que buscar impactos efímeros. Claro, esa estrategia tenía un talón de Aquiles: para sorprender había que ir cada día un paso más allá, porque la audiencia se inmunizaba, pasar de la grosera manipulación, al insulto, al desnudo, a la acusación inicua, cada noche un poco más… solo faltó un asesinato en directo (o quizá lo hubo, no sé, me asqueé pronto). Pero todo tiene un techo, y cuando ya no se pudo ir más allá, con una audiencia curada de espanto y anestesiada, el programa desapareció.

Algo así veo en Vox: un día se presentan cabalgando cual paladines para reconquistar España (quitársela a moros y comunistas, que vienen a ser lo mismo, enemigos de la patria); otro día anuncian que cerrarán las mezquitas, otro van a un centro de MENA a señalarlo como foco de delincuencia, otro piden un gobierno ‘de salvación’ (¿como en el 36?), otro aparece uno de sus líderes disparando un arma del ejército contra un Bin Laden de cartón piedra, otro acusan al Gobierno de genocidio,… y así seguiremos

Todas son inyecciones de bótox, que esta formación necesita para mantener apariencia de juventud y ruptura rebelde contra el sistema y un cutis terso de fieles dispuestos a recuperar los valores de España, sea eso lo que sea, es decir, Spain first, aunque en esa Spain, en ese molde, no quepa el 90% de los spanish.

Pero, claro, como digo, esta estrategia necesita continuamente una vuelta más de tuerca, otra inyección de bótox para que la piel no se torne flácida y cunda el desencanto entre los fans.

Y ahí llega Vox y plantea una moción de censura. Con 52 diputados. ¿Ganará esta moción y derribará al gobierno para poner a Abascal de presidente?

No, ni falta que hace, piensan en el partido. Porque el objetivo de la moción no es tumbar al gobierno. El objetivo es que Abascal tenga atención mediática protagonizando un debate en el Congreso (el que pone la moción debe explicar por qué y proponer un programa alternativo) en el que es de suponer que nos ilustrará con lo mejor de su repertorio (más bótox).

Y el otro objetivo es tumbar al PP. A la moción se puede votar sí, no, o abstenerse. Tres opciones, tres trampas: si el PP vota sí, se alinea con los carpetovetónicos, a los que reconoce el liderazgo de la derecha; si vota no, ahí estará Vox para señalarles como aliados de moros, comunistas, narcotraficantes y otras gentes de mal vivir que quieren romper ‘su’ España; si se abstienen, la acusación será de cobardía (como ya han hecho) de dejar pasar la ocasión de recuperar la esencia del Imperio y de paso tomar Gibraltar.

Dependerá mucho de la estrategia que tome el PP su futuro, sobre todo el futuro de Casado. Hasta ahora, se ha dejado arrastrar por los acontecimientos, ha intentado a veces aparecer como derecha moderada y a veces competir con Vox, pero sin discurso propio de paso corto y vista larga, siempre a remolque. La moción puede ser la oportunidad para definir un camino reconocible, que puede costarle votantes en su parte más extrema y a corto plazo, pero que puede asentarle a medio y largo plazo como alternativa de gobierno. Lo que sería un error es que el equipo que tiene las de ganar entre en el juego de provocación y embarre el campo, porque ahí va listo.

Respecto a Vox, puede ser Reina por un Día, pero, a partir de ahí, su Estrategia del Mississippi será más complicada, ¿qué hará para sorprender? Ya ni Tezanos, con sus encuestas infladas hacia Vox para hacer dudar al votante de derecha sobre si la opción ganadora, el voto útil, es Abascal o Casado, será suficiente auxilio.

Y sin astracanadas, sin algo más fuerte para impresionar a su público, sin más bótox, la piel de toro se tornará flácida y comenzará un declive que, a lo que se ve, ya aparece en el horizonte según los indicadores de tendencia electoral.