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Ni el intenso frío ni una ligera llovizna pudo ayer con la romería de los Santos Mártires. Unas dos mil personas acudieron a la ermita del paseo Alto para comprar las tradicionales roscas de anís y honrar un año más a una tradición popular que forma parte "del sentir y de las raíces de los cacereños", aseguró la alcaldesa, Carmen Heras, quien participó de la fiesta junto con otros miembros de la corporación municipal.

La venta de roscas, de productos de la tierra y de tapas de tortilla y patatera, una misa en honor a los mártires San Fabián y San Sebastián y el folcklore de El Redoble, son la esencia de esta romería de apenas tres horas de duración y que hoy concita cada vez a menos jóvenes.

De ahí que la alcaldesa apuntara la necesidad de difundirla a las nuevas generaciones para que no se pierda "en este mundo tan globalizado e influido por las nuevas tecnologías". "Corremos el riesgo de perder nuestras propias referencias, por eso el ayuntamiento colaborará siempre con este tipo de tradiciones del sentir popular", manifestó.

Las previsiones de lluvia que auguraban un descenso de la afluencia, al final no se cumplieron, por eso Juanita Franco, la mayordoma de la hermandad que organiza la romería, se mostraba al final de la mañana contenta y satisfecha. "Un año más ha resultado muy bien, no han sobrado roscas y la gente ha respondido fielmente a la cita a pesar del frío", valoró.

La hermandad puso a la venta 2.000 roscas de anís, que se agotaron. Con la recaudación de estas ventas, la hermandad además de sufragar los gastos de la ermita y de la romería, colabora con el centro de los Hermanos de la Cruz Blanca y el de inmigrantes de ACISJF. Un cacereño con la papeleta número 250 fue agraciado con un juego completo de joyería típica extremeña.

La fiesta de los Santos Mártires forma parte del acervo popular de la capital cacereña desde hace más de dos siglos. En 1852 se derribó la antigua ermita que existía cerca de las escuelas del Perejil y en 1856 se levantó una nueva en el paseo Alto. En su interior existía una imagen de San Sebastián que se trajo expresamente de Santo Domingo y que acabó desapareciendo. Cada 20 de enero, día de San Sebastián, los cacereños subían a la ermita para honrar al santo.

Una cofradía, actualmente dirigida por Juanita Franco, se encargó de recuperar hace tres décadas estra tradición que la ciudad había perdido. De momento, resiste a las inclemencias del tiempo y al peso de la modernidad.


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