Soto Ivars en la feria del libro de Badajoz
Juan Soto Ivars presentó su controvertido libro "Esto no existe" en la 45ª Feria del Libro de Badajoz, generando un intenso debate sobre la violencia de género y sus complejidades en la sociedad actual.
El pasado viernes paseaba por las entrañas de la plaza de San Francisco. El motivo no era otro que el de disfrutar de un rato agradable visitando el espléndido recinto de la 45º edición de la feria del libro de Badajoz, un evento que a este servidor le trae gratos recuerdos.
La tarde era del todo agradable y no sólo por saberme en ciernes de un nuevo fin de semana, sino también por el hecho de respirar el fantástico ambiente literario que rezumaba por todos los rincones del más emblemático punto de encuentro de la ciudad.
Ayudaba y de qué manera el notable gentío que abarrotaba todos los puestos de libreros (siempre fieles a la cita a pesar de los avatares de la industria como bien sostienen ellos), así como en las distintas carpas en las que se estaban organizando eventos, principalmente en la de conferencias la cual mostraba un aspecto francamente memorable.
Ante tal fenómeno, la gran pregunta era la siguiente: ¿quién podría ser la causa de semejante revuelo? rápidamente los megáfonos me hicieron encontrar una explicación lógica mientras me alejaba del sitio de autos: esa misma tarde firmaba en la feria la archiconocida superventas Espiro Freire por lo que para mí estaba ya todo claro.
Así que me volví tranquilo por mis propios pasos hacia la zona de las librerías, una opción más interesante.
LLEGADA DE JUAN SOTO IVARS
Pero el destino me tenía preparado un cambio de planes radical que me volvió a llevar a esa carpa. Los intereses, al rato, volvieron a invertirse y es que mientras merodeaba sin rumbo fijo por allí y por allá me enteré del verdadero motivo de la congregación a la que antes mencionada: No era Freire la causa, sino la llegada del escritor murciano Juan Soto Ivars quien venía a presentar su último trabajo titulado Esto no existe (editorial Debate).
A estas alturas supongo que no hace falta que hablemos de qué personaje hablamos. Simplemente diré que se trata del chico joven éste del flequillo que sale en los programas de la Grisso y de Eric Jiménez (como me lo definió mi padre), convertido ahora en el verdadero azote de quienes gobiernan nuestros designios y todo a través de un lenguaje mordaz, directo, irónico, claro y afilado con el que no deja títere con cabeza.
Quizás que tampoco sea necesario comentar mucho de la obra en cuestión que traía bajo el brazo, ya que en esencia, se está presentado sola cada día que pasa gracias a las enormes polémicas suscitadas por el tema que aborda: el de de los maltratos a la mujer y el de las denuncias falsas que se dan en ocasiones, esa otra cara de la problemática de la violencia de género que desde ciertos estamentos del poder se intenta ocultar sistemáticamente por motivos estrictamente ideológicos.
Hablamos de un asunto peliagudo que escarba en uno de los mantras abrazados por la hiprogresía de este país, y que por lo tanto, está totalmente contaminado por las excrecencias del dogma imperante hasta el punto de desvirtuar el análisis del verdadero problema en sí que como defiende Soto, tiene un montón de ramificaciones.
USO INSTRUMENTAL DEL MARCO JURÍDICO GARANTISTA
Una de ellas es ésta, el uso instrumental que se hace del marco jurídico supuestamente garantista que existe, y que en vez de servir como garante para la protección a una supuesta víctima, usado con fines siniestros se llega a convertir en un argumentario jurídico para imprimir dolor en la otra parte, es decir, al sujeto varón supuestamente maltratador y a su entorno familiar donde también hay mujeres y niñas.
Esta es una de las conclusiones que se puede extraer del trabajo de investigación realizado por Soto y cuyo alcance implica la descripción de algunos testimonios derivados por diversas partes afectadas tal y como argumenta el autor. También es reseñable el intento de reconciliación que Soto plantea ante una lacra que existe, nadie puede negarlo, pero que no debe de suponer una conflicto social como el que está suponiendo.
Grosso modo tales afirmaciones fueron algunos de los asuntos fundamentales que pude escuchar de boca de su autor al acercarme a la carpa aunque me fuera ciertamente complicado seguir el hilo completo de la conversación por varios motivos. Primero por la masificación, un fenómeno que me pone muy nervioso. También influyó el hecho de que era la primera vez en mi vida que veía que en la presentación de un libro se tiene que contar con miembros de la policía nacional perfectamente equipados ante la amenaza de trifulca, más aún en un territorio tan poco beligerante como el nuestro dónde si hay algo que nos define es la concordia. Pero hay más: mi estado de ánimo pasó de inquietud a perplejidad cuando en un momento de silencio, un silbido ensordecedor proveniente de detrás de mí resquebrajó la quietud de la charla hasta el punto de que la autoridad tuvo que intervenir de forma rápida frente al sujeto causante del atropello. La cosa ya acabó siendo realmente embarazosa cuando al girarme comprobé que el perpetrador del oprobio era un compañero de trabajo.
El tal es un sujeto que yo definiría como indefinible, aparentemente calmado, una de esas personas que pasan a diario cerca de uno y de las que no puedes decir nada (algo así como el hombre sin atributos, como diría Musil), y mucho menos pensar que lo que habita realmente en su interior es un Garibaldi de salón en toda regla.
ESCUCHANDO TRANQUILAMENTE AL COMUNICADOR
Al vernos los dos obviamente ya no dejamos de mirarnos hasta que yo me fui: él desde detrás de la cadena humana que habían dispuesto los agentes para controlar al comando Amazonas y yo al otro lado de la barrera. Lo bueno: que prácticamente no eran número, acaso siete o diez personas contando con el agitador en cuestión, muy pocas en comparación con el resto que estábamos escuchando tranquilamente al comunicador.
Luego hubo un segundo silbido, ahora proveniente de una de las libreras que curiosamente había visitado antes y que apareció de la nada para increpar otra vez. Entiendo que su desazón debía de provenir de la insatisfacción por no disponer en su catálogo de una obra tan vendida como la de Soto, libros ofertados por la competencia y que luego se hartaría a firmar tras finalizar su conferencia. Por cierto, me gustaría saber qué es lo que pasaba por su cabeza cuando según iban pasando los lectores para que les firmara su ejemplar, en frente armaban el belén los ofendiditos a través de una de esas clásicas performances patéticas-enfáticas a la que nos tienen acostumbrados.
Y esto es así porque el melodrama de la cancelación es más viejo que el hilo negro y estamos hartos de verlo. Así es como funcionan las sectas, persiguiendo a todos los infieles ahora llamados fachas. Lo bueno es que dicha gleba ya no pone orsinis detrás de las esquinas (de momento y no les demos ideas), aunque la llama del odio y del rencor siguen encendidas en sus corazones.
Pero actos tan secundados como el de Ivars reconforman, ayudan a pensar que sus granadas les acabarán estallando en las manos (ya les está pasando, de hecho), y acabarán borrándose del imaginario colectivo por haberse pasado de frenada. Y es cierto que vendrán otras cosas, probablemente aún peores porque esta gente es incansable en sus ensoñaciones pero volverán a caer una y otra vez. Este es el juego de la vida.