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miércoles. 29.04.2026 |
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La Fuga de la Diabla: la fuerza ancestral de una noche única en Extremadura

La Fuga de la Diabla en Valverde de Leganés
La Fuga de la Diabla: la fuerza ancestral de una noche única en Extremadura

Viajar hasta Valverde de Leganés para vivir La Fuga de la Diabla es aceptar una invitación poco común: la de entrar en una historia que se escribe con fuego y se sostiene con la participación de todo un pueblo.

En Valverde de Leganés, cuando agosto se inclina hacia la noche y el calor se vuelve respirable, hay un instante en que el pueblo deja de ser pueblo y se convierte en relato. Las luces se atenúan, el murmullo se espesa y, de pronto, el aire huele a pólvora, a encina, a víspera. Es entonces cuando comienza La Fuga de la Diabla, Fiesta de Interés Turístico Regional, y una celebración que no se contempla: se atraviesa.

LA HUIDA: EL MAL TOMA LAS CALLES

No hay telón que se alce, sino una tensión que crece en las calles estrechas. Todo empieza con una ausencia: la Diabla ha escapado. Y ese vacío —esa puerta abierta en la noche— lo llena un rumor de pasos, de antorchas, de sombras que se organizan. La Diabla, figura desmesurada y ardiente, encarna el desorden, la pulsión indomable, lo que se niega a ser contenido. A su alrededor, un séquito de diablos y guerreros avanza como una marea oscura. El fuego no es un efecto: es el lenguaje de la escena.

Quien llega por primera vez entiende rápido que aquí el espectador no es un mero testigo. El miedo —ligero pero persistente— recorre la piel cuando el cortejo se aproxima. Hay niños que miran con los ojos muy abiertos y adultos que, por un segundo, vuelven a creer en lo que no se ve. Las chispas, la pirotecnia, el estruendo, marcan el pulso de la noche. La Diabla no desfila: irrumpe.

La Fuga de la Diabla hoguera
Hoguera de la representación de La Fuga de la Diabla (Foto: Fernando Negrete Sosa).

A lo largo del recorrido, el pueblo opone resistencia. Son los altares de la vida, levantados por vecinos que no aceptan la derrota del bien. En cada esquina, en cada plaza, la escena se renueva: choque, fuego, enfrentamiento. Hay una dramaturgia ancestral en ese combate que no necesita palabras. Basta el fuego cruzado, el avance y la retirada, la obstinación de ambos bandos. Por momentos, el mal parece invencible.

LA GRAN BATALLA FINAL: LUZ CONTRA OSCURIDAD

La noche conduce, como un río, hacia su desembocadura: el auditorio. Allí se concentra el pueblo entero para asistir a la Gran Batalla Final. La oscuridad se espesa y, cuando aparece el ángel enviado por San Bartolomé, el contraste es absoluto: luz contra sombra, bien contra mal. Lo que sigue es una coreografía de fuego y precisión, un duelo donde cada chispa parece tener intención.

LA CAÍDA DE LA DIABLA: LA VICTORIA DEL BIEN

Representación de La Fuga de la Diabla en la calle
Representación de La Fuga de la Diabla en la calle (Foto: Fernando Negrete Sosa).

 Y entonces, la caída. La Diabla es derrotada, capturada, devuelta a su cautiverio en la torre de la iglesia. San Bartolomé —símbolo del bien— recupera el orden. El pueblo asiste en silencio a ese desenlace que es tanto triunfo como alivio. El mal ha sido contenido, al menos por esta noche.

LA HOGUERA: CELEBRACIÓN Y COMUNIDAD 

La celebración no concluye con la victoria, sino con la reconciliación. La gran hoguera se enciende y alrededor de ella bailan todos: los que lucharon por la luz y los que encarnaron la oscuridad. Vecinos, voluntarios, peñas como Los Bartolos, la agrupación de Coros y Danzas… todos forman parte de una obra colectiva donde cada gesto importa.

La Diabla en Valverde de Leganés
La Diabla en Valverde de Leganés (Foto: Fernando Negrete Sosa).

Viajar hasta Valverde de Leganés para vivir La Fuga de la Diabla es aceptar una invitación poco común: la de entrar en una historia que se escribe con fuego y se sostiene con la participación de todo un pueblo. No es sólo una fiesta: es tradición, identidad, emoción compartida.

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