Este rito, integrado en las festividades en honor a Nuestra Señora de Bienvenida, trasciende lo festivo para convertirse en un testimonio vivo de identidad, historia y simbolismo.
En la localidad cacereña de Torre de Don Miguel, el sábado 11 de abril vuelve a celebrarse una de las festividades más singulares y ancestrales de la región: “El Capazo”, declarada Fiesta de Interés Turístico de Extremadura. Este rito, integrado en las festividades en honor a Nuestra Señora de Bienvenida, trasciende lo festivo para convertirse en un testimonio vivo de identidad, historia y simbolismo.
PREPARATIVOS DEL RITUAL
La tradición comienza días antes, cuando los mozos del pueblo ascienden a la sierra para cortar un roble de aproximadamente cinco metros. El tronco, arrastrado hasta la iglesia, es preparado y plantado frente al templo, donde aguardará como eje central del ritual. La noche clave llega el sábado posterior al Domingo de Resurrección, cuando las calles estrechas de la villa se llenan de música, voces y expectación.
EL CAMUÑAS Y EL RECORRIDO
El sonido del tamboril y la gaita del muñidor guía la comitiva hasta la aparición del personaje más emblemático de la fiesta: el Camuñas. Vestido de negro, cubierto con piel de macho cabrío y cargado de cencerros, este oficiante ritual emerge al ritmo de los cantos y danzas de las mujeres, quienes lo “despiertan” para iniciar el recorrido por el pueblo.
Cantos y danzas de las mujeres en “El Capazo”
Acompañado por capaceras y capaceros —ataviados como antiguos molineros—, el Camuñas recorre las calles recogiendo participantes mientras bodegas locales abren sus puertas para ofrecer vino y productos tradicionales de la Sierra de Gata. En este trayecto, se reparten las “capacetas”, antiguas esteras impregnadas de aceite utilizadas en molinos, que serán protagonistas del acto final.
El Camuñas, en “El Capazo”
EL FUEGO Y LA DANZA
A medianoche, la comitiva llega a la plaza. Allí, alrededor del roble, las mujeres ejecutan una danza descrita como un “rito lunar”, invocando simbólicamente la llegada del sol. Es entonces cuando el Camuñas prende fuego a las capacetas, que los capaceros lanzan hacia el árbol hasta lograr que este arda con intensidad, iluminando la noche serrana en una escena de gran fuerza visual y simbólica.
Fuego en “El Capazo”
El fuego, elemento purificador y regenerador, marca el clímax de la celebración. Tras la quema, el rito se abre a la participación colectiva, invitando a vecinos y visitantes a sumarse al lanzamiento de las esteras. La noche concluye con la degustación del tradicional “sopetón” —pan tostado con aceite, zumo de naranja y azúcar— y un momento de recogimiento.
CIERRE Y SIGNIFICADO
De las brasas nacen las llamas que los mozos utilizan para encender cirios, llevados posteriormente a la iglesia como ofrenda a la Virgen. En silencio, roto únicamente por el canto de la Salve, se cierra un ciclo donde la tradición, la fe y la naturaleza se entrelazan, reafirmando el carácter único de “El Capazo”: más que una fiesta, un legado vivo de Extremadura.