El poeta Felipe Núñez (Plasencia, 1955), definido como “figura secreta e imprescindible de la poesía extremeña”, falleció ayer en Salamanca, ciudad en la que residía. En su condición de humanista, se había acercado al fenómeno de la creación literaria desde la práctica de la poesía y la teoría ensayística.
TRAYECTORIA POÉTICA
En 1988 publicó el volumen Balizamiento para un aterrizaje nocturno (Poemas 1975-1985) (Madrid, Calambur, en coedición con la Editora Regional de Extremadura), que reunía sus cinco entregas poéticas anteriores: Tris Tras Princesa, Leticia va del laberinto al treinta, Los seres y las fuerzas, Equidistancias y Nombres o cifras.
En ellos cabe destacar como rasgos formales de estilo la maestría de los encabalgamientos y la brillantez del léxico seleccionado; y en cuanto al predominio de temas comunes, sobresale su interés por lo que la crítica especializada denominó “la poética de la fisura”, centrada en lo pequeño, precario y fragmentario, adobado por constantes irrupciones del sentido del humor, que rompen la frialdad de lo solemne, y por la implacable ironía, utilizada como un fino bisturí capaz de dar coherencia al discurso del poeta en medio de su continua y asumida cadena de contradicciones.
En su condición de ensayista, el poeta y pensador extremeño dio a la imprenta el texto Para escapar de la voz media (Editora Regional de Extremadura, 1988), en el que abordaba la problemática de la creación literaria en la España contemporánea desde la perspectiva del sujeto creador, que —según afirmaba— viene determinado por una herencia cultural muy parecida a la definición dada por las antiguas gramáticas a la voz media: la acción que ocurre dentro del sujeto.
INFLUENCIA Y RECONOCIMIENTO
El escritor extremeño Manuel Simón Viola subrayaba en su intervención en el Año Europeo de las Lenguas el impulso renovador que venía siendo reclamado por el poeta placentino desde el I Congreso de Estudios Extremeños (1982) en sus primeros poemarios autoeditados, y recordaba cómo el magisterio universitario de Juan Manuel Rozas, defensor de la autonomía del poema concebido como hecho lingüístico, elevaría a categoría de ejemplo a un poeta que en aquellos años tuvo un prestigio y un favor lector considerables.
Su poesía y su tratamiento del poema y del lenguaje tuvieron una influencia decisiva, que cambió los referentes estéticos de aquellos años de formación: a unos poetas les ayudó a encontrar su voz y a otros les sumió en un galimatías que, cuando se ha continuado a lo largo del tiempo, se ha vuelto insufrible.
CONTEXTO LITERARIO (1983-1984)
En este período de transición tardía respecto de los movimientos nacionales tuvo especial significación el bienio 1983-1984, en el que se produjeron acontecimientos relevantes:
La aparición de Equidistancias (Cáceres, El Brocense), primer poemario de Núñez publicado por una institución oficial, con lo que la nueva poesía extremeña dejaba de ser considerada un elemento excéntrico.
La antología Jóvenes Poetas en el Aula, de Ángel Sánchez Pascual (Cáceres, El Brocense, 1983), que apostó por poetas inéditos que después resultaron imprescindibles.
La antología Abierto al aire, de Ángel Campos y Álvaro Valverde (Mérida, Editora Regional, 1984), con una ordenación cronológica de los poetas más jóvenes.
Ese mismo año surgieron los Premios Constitución (Bernal, Pacheco) y la Colección Alcazaba de poesía de la Diputación de Badajoz. También aparecieron diversos poemarios renovadores: Primavera invertida (Bernal), De tu nombre y de la tierra (María José Flores), Tú para tristes momentos tristes (Antonio Pacheco), Bestiario del cabildo (Lozano), De la consolación y sus dioses (Rozas), A este lado del alba (Basilio Sánchez), El libro de las murmuraciones y Poemas de la espera y el canto (Zambrano).
El profesor Miguel Ángel Lama, en fin, le considera “uno de los poetas más destacados de los primeros años de la juventud literaria extremeña” en el arranque de la Universidad de Extremadura.