In memoriam: Ángel Reyes Manso
Todas estas ideas me afloran hoy ante la trágica noticia de la muerte del sanvicenteño Don Ángel Reyes Manso. Como individuo, el recuerdo que nos queda es el de una persona sencilla, seria pero muy amable. Como docente, los alumnos que lo conocieron pueden presumir de haber tenido a un verdadero maestro.
Desde estas líneas ya hemos mencionado la importancia que tiene para el que suscribe la obra y el pensamiento del escritor Elias Canetti. Lo hemos hecho desde diferentes perspectivas cuando nos referíamos a la concepción de fenómenos diversos como el de la masa como entidad y su relación con el poder, su idea de metamorfosis o el de las máscaras acústicas.
También algo mencionamos sobre el concepto de inmortalidad que tenía el genial escritor búlgaro-británico, una idea muy sui generis que atribuía al propio hecho de la escritura como un sagrado ritual con el que se pretende materializar aquí en la tierra la eternidad misma, el gran anhelo del hombre concreto en su lucha fratricida contra su malogrado destino. Y es en esa labor pírrica y utópica donde el escritor debe de asumir un papel central, convirtiéndose incluso en una especie de mistagogo que en palabras de Canetti le lleve a comportarse como un “custodio del ser”.
Promovido por la imagen desgarradora que se mostró ante sus ojos de niño cuando se encontró de frente con la muerte (vería caer fulminantemente a su padre víctima de un infarto), el escritor vivió siempre con una idea a la que algunos tildaban de peregrina y que no era otra que la de escribir un libro, una obra que pasara a los anales de la Historia en la que mediante argumentos filosóficos y antropológicos consiguiera desterrar de la cultura occidental la idea de la muerte como eje vertebral sobre la que se asienta nuestro modus vivendi, y que conforma un sentido existencial tan comprometido con el viaje sin retorno hacia el más allá.
Tal idea obsesionó al autor hasta un extremo inimaginable, si bien lamentablemente nunca llegaría a concretar ese anhelado libro que se había propuesto escribir (probablemente por su imposibilidad per se), aunque sí desarrollaría una ingente cantidad de apuntes sobre la cuestión que están recogidos en diferentes volúmenes de una colección miscelánea jugosa y enciclopédica.
Todas estas ideas me afloran hoy ante la trágica noticia de la muerte del sanvicenteño Don Ángel Reyes Manso. Como individuo, el recuerdo que nos queda es el de una persona sencilla, seria pero muy amable. Como docente, los alumnos que lo conocieron pueden presumir de haber tenido a un verdadero maestro, un ejemplo arquetípico del enseñante que se ganaba el respeto de sus estudiantes por sus amplios conocimientos no sólo en la materia para la que impartía docencia sino en otros ámbitos más diversos que llegaban incluso a lo cotidiano.
Precisamente, este último rasgo se lo debía a una inquietud constante por saber sobre la Historia de su pueblo, San Vicente de Alcántara, un hecho que le llevo a escribir una importantísima obra sobre los hechos, las costumbres y en definitiva la vida de la localidad desde prácticamente sus inicios hasta los años oscuros previos a la Guerra Civil del pasado siglo.
Realmente dicho trabajo es para algunos de nosotros oro puro por tratarse de una fuente de consulta muy rica en datos difíciles de encontrar incluso en la época de internet, un hecho que nos permite adentrarnos siempre que lo precisamos en las crónicas de varios siglos de la historia local.
Es por estos derroteros por lo que yo conocí un poco más a la persona, a su amabilidad y a su desinteresado ofrecimiento por matizar o ampliar la información que con tanto esmero y años de trabajo había conseguido recopilar de bibliotecas y archivos antediluvianos. Esto último por desgracia nunca más podrá volver a ser aunque nos queda su legado.
Por todo esto, y volviendo a Canetti, podemos asegurar que Reyes Manso, aunque ya no esté entre nosotros físicamente, se ganó hace tiempo el derecho a descansar en ese panteón de los inmortales, aquel en el que su recuerdo está ligado en cada palabra labrada sobre el lienzo de las páginas escritas.
Gracias. Descanse en paz.