La zona afectada abarca unas 30 hectáreas del centro urbano, en su mayoría ya peatonalizadas, y no se ampliará en esta fase inicial.
En materia de estacionamiento, no se prevé la reducción de plazas, ya que el Centro Histórico cuenta con un régimen de acceso muy limitado, reservado a residentes y vehículos autorizados.
La medida, que busca mejorar la calidad del aire y reducir la contaminación urbana, afecta a la zona delimitada por las calles Margallo, Miralrío, Pizarro y Parras.
La futura zona de bajas emisiones del centro histórico no incorporará restricciones adicionales respecto al sistema de accesos vigente desde hace años.
Su finalidad es concienciar a los conductores sobre el respeto a los límites, fomentar una conducción responsable y reducir la siniestralidad.