Los agentes logaron identificar al grupo, altamente profesionalizado y jerarquizado que, actuando a nivel internacional, traía a mujeres a España utilizando una agencia de viajes, haciéndolas pasar por simples turistas, llegando a contratar excursiones y visitas a diversas ciudades que nunca se llegaban a realizar.
Las víctimas sufrían agresiones físicas, humillaciones verbales y abusos sexuales por parte del principal investigado, que entraba en sus habitaciones sin consentimiento. Además, los clientes recibían drogas y, en ocasiones, las mujeres eran obligadas a manipular sus teléfonos para realizar transferencias bancarias a los responsables del club.