El cambio de hora se aplica en toda la Unión Europea desde hace décadas, con el objetivo inicial de ahorrar energía y aprovechar mejor la luz solar. Sin embargo, este argumento ha perdido fuerza en los últimos años.
En 2018 se celebró una consulta a nivel comunitario y quedó en el aire la posibilidad de permanecer siempre con el horario de invierno.