La sanidad extremeña carece de los profesionales necesarios para dar una asistencia adecuada. Esta es la conclusión a la que han llegado desde el Sindicato de Médicos de Extremadura (SIMEX) y CSIF.

CSIF, Central Sindical Independiente y de Funcionarios, coinciden con SIMEX en la problemática que presenta la sanidad de Extremadura y hacen hincapié en los problemas asistenciales derivados de la escasez de trabajadores en las plantillas, ya que según sus datos, serían necesarios unos 1.724 profesionales sanitarios, entre médicos, enfermeros y pediatras.

En cifras más concretas, se precisan unos 1.284 médicos, de los cuales 400 tendrían que ir a atención primaria y unos 900 a hospitales y atención especializada. También faltan, según las ratios de Extremadura, 385 médicos de familia y 55 pediatras, la mayoría en zonas rurales donde no se cubren las plazas ante el temor de no conseguir traslados en muchos años.

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La autonomía extremeña arrastra este déficit de plantilla desde el año 2009, según ha explicado la responsable autonómica del CSIF Emilia Montero, especialmente en médicos y enfermeros. Esto ha provocado, según dice, que el personal sanitario está agotado y en los centros de salud se dedican a una burocracia que les resta tiempo para atender a los pacientes.

En relación al problema en las zonas rurales extremeñas, Montero ve necesario incentivas económicamente a los profesionales para que no opten por irse fuera de la comunidad y mejorar la movilidad territorial para no abocar a un médico de familia a estar demasiado tiempo alejado de su casa.

El presidente nacional del sector de Sanidad del CSIF, Fernando Hontangas, ha calificado como «inasumibles» las listas de espera derivadas de la escasez en plantillas. Además, ha criticado a las administraciones, nacionales y autonómicas, ya que, en los últimos meses, 51.000 sanitarios han sido despedidos en todo el país.

Por otro lado, el presidente considera que la cuantía destinada a la atención primaria en el anteproyecto de los Presupuestos Generales del Estado está lejos de lo que realmente se necesita para arreglar el «grave problema». La próxima jubilación de los médicos y enfermeros, cuya edad media es de 55 años, agrava la situación.