El pasado martes viví en el aula una situación que yo categorizaría como dantesca. Me disponía a comenzar mis clases cuando los alumnos me pidieron unos minutos para exponer un asunto. Se trataba de votar la posibilidad de ir a la huelga, por lo visto ya aprobada por nuestro centro tras cumplir el trámite administrativo pertinente.

Como no podía ser de otro modo, accedí a la petición aunque antes de proceder al hecho, les pregunté cuál era el motivo de la discordia así como el organismo que la organizaba. Para la segunda pregunta la respuesta fue inmediata: el sindicato de estudiantes. Para la primera, tras unas ligeras vacilaciones, al final consiguieron transmitirme una explicación.

Según los chicos, la causa era la salud mental, el daño que ellos estaban sufriendo como consecuencia de sus clases y de todas las presiones que sufren, algo que según me comentaban, no entiende la sociedad. Yo me quedé perplejo; me fue incapaz de no esbozar una sonrisa irónica ante tal singular motivo. Por supuesto votaron el ejercer o no su derecho a huelga y el resultado fue una aplastante mayoría en favor del Sí.

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Esta anécdota me ha hecho reflexionar en estos días y afianzar, más si cabe, mi opinión sobre todo lo que está aconteciendo en la sociedad actual, una sociedad que el filósofo Byung Chul-Han define como sociedad del cansancio.

Con esa definición el autor se refiere en parte a un contexto específico en el que el Hombre del siglo XXI es un Hombre-engranaje, como diría Ernesto Sabato, un Ser convertido en masa adoctrinada donde lo racional ha dado paso al pensamiento abstracto, un individuo que no existe sino que lo que queda del mismo es un ente que no piensa por él (ya lo hacen otros) puesto que se encuentra cansado, cansado de vivir frente a los retos de  la vida porque lo que prima en su ética y en su moral son una serie de valores que le llevan a un hedonismo sin límites a colmar a toda costa so pena de caer en frustraciones, dolor y por último, enfermedades mentales.

Francamente creo que tanto el alumnado en este caso como el resto de la sociedad en general, somos rehenes de este sistema tan pernicioso que ha generado unos ideales de manera absolutamente premeditada cuyo fin último es la destrucción total de los viejos valores del Hombre concreto.

Ya no hay espacio para la reflexión, todo lo revolucionario que ha incentivado el progreso a lo largo de la Historia ha dado paso a una especie de actitud reaccionaria en los hombres de la postmodernidad frente a los pequeños cambios que le incomodan en el camino que le ha sido dado. Y todo ello gracias a un clientelismo desvergonzado por parte de los “superestados” (por aquello del control estricto que procuran sobre nuestras vidas) de la época que nos ha tocado en suerte.

Esto lo podemos ver en el Sistema Educativo, por ejemplo, una amalgama de disposiciones en la  que lo abstracto ha desterrado a las cuestiones concretas que sirven para crear personas libres, críticas y autónomas (bien lo sabemos los docentes), un arma arrojadiza contra la cultura del esfuerzo que parece buscar la homogeneidad de una masa mediocre, conformista y que no piense por sí misma. Esto lo sabe el alumnado y lejos de rechazarlo, lo abraza por una cuestión pragmática y utilitarista tan propia de la edad. Todo vale para titular, todo, incluso el no hacer nada: ya vendrán los aprobados administrativos, la verdadera golosina que muchos esperan recibir por parte del papá Estado quien así gratifica la rectitud en su comportamiento. Delirante.

No son buenos tiempos para la lírica, como decía la canción, aunque precisamente por eso, hay que seguir en la Resistencia, en la lucha cuerpo a cuerpo y cada uno en su trinchera para la defensa  de todos los valores positivos como son los del esfuerzo o el sacrificio que podríamos definir como Humanos y que pretenden arrebatárnoslos.

Decía Sabato que en momentos donde todo parece perdido el Hombre se levanta de manera inexplicable y camina a pesar de las adversidades, a pesar de que no encuentre ilusiones porque todo está ya condenado, pero él sigue y sigue buscando una mínima grieta por donde hacer que entre la luz en su espíritu. Y es que el Resistir lo es todo.