(Hacia una ecología de la atención).

En plena invasión militar en Ucrania, es una exigencia ética e intelectual que no nos desviemos por completo de otras miradas, de otros desafíos tan humanos como el de la emergencia climática. Nada esta tan lejos como parece, aunque aparentemos calma, como si nada tuviera que ver con nosotros.

Los geólogos, durante estos últimos años, nos han sugerido una nueva época geológica debido a los grandes cambios del clima y a un aumento progresivo a nivel planetario causado, por las actividades humanas en el planeta.

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Lo han denominado “Antropoceno” (una nueva era por cambio climático) y sería la continuación del Holoceno, época actual del Cuaternario, periodo que cubre el ciclo de las glaciaciones y del reino absoluto de la especie humana como homo sapiens.  De hecho, hay arqueólogos que afirman un Antropoceno mucho más extendido que comenzaría con la domesticación y la agricultura hace 12.000 años. Pero la gran mayoría de las ciencias naturales y ciencias humanas   prefieren utilizar “Antropoceno” como fuerza destructora debido a los proyectos humanos más contemporáneos y actuales (algunos también lo denominan “capitaloceno”).

El término “Antropoceno” fue acuñado por el Premio Nobel de química (1995), Paul Crutzen, científico que descubrió la incidencia de los óxidos de nitrógeno (NO y NO2) en la destrucción de la capa de ozono. Una nueva época la definen los geólogos cuando pueden demostrar que en las nuevas capas de lodo se han formado rocas y obtienen   algún testigo de ello. En este caso fue en 1945 cuando EEUU probó la primera bomba nuclear, firma radiactiva innegable para dar con los inicios del Antropoceno. Hay que tener en cuenta que desde entonces el planeta no funciona como antes bajo las normas del Holoceno. La Atmosfera, los océanos, el clima, los ecosistemas han saltado de época.

¿De qué proyectos hablamos para definir el Antropoceno?  ¿Y desde cuándo?

Se trata de una combinación de varias innovaciones radicales que sucesivas revoluciones industriales (la primera de  1778 y la segunda de 1878) han ido acelerando y globalizando, de  infraestructuras de gran escala a partir de la segunda guerra mundial: Proyectos tecnológicos industriales de gran escala, proyectos gubernamentales que van de la revolución verde agrícola a la petroquímica sin control; en definitiva proyectos exclusivos de acumulación capitalista que hoy tienen el rostro aun más siniestro de BigData, en la cual participamos todos de manera continua y cotidiana. Enormes proyectos que han sido capaces de eliminar tanta tierra como lo hicieron los glaciares anteriormente, modificando el clima del planeta.

Desde 1978 con la invención de Internet, ya los proyectos de implantación cubren todo el mundo y cualquier lugar de la tierra se ha convertido en lugar de extracción, de deforestación y de cambios globales de un sistema económico depredador. Y todo esto ha ocurrido de manera paralela con un crecimiento en la tasa de destrucción de especies y extinción de plantas y animales jamás comprobada. Una de las grandes amenazas para los árboles y bosques es la mundialización de las enfermedades de las plantas que han sido, y son, llevadas y transportadas por avión alrededor de todo el mundo. Una proliferación tan alta que no es capaz de adaptarse allí donde llega a una velocidad sin precedentes.

¿Qué ocurría en la época anterior, en el Holoceno, que nos pueda aportar pistas para situarnos mejor?

El final de la era glacial supuso una estabilización del clima que dio la oportunidad a los humanos de nuevos modos de vida relacionados con la agri-cultura y la domesticación de animales, coexistiendo con otras especies animales y vegetales en una forma que podríamos denominar hoy de sostenibilidad. La manera de producir alimentos se ha sostenido hasta hace bien poco con la coexistencia de múltiples organismos y especies que de manera amable convivían para aportar vida. Cierto que en cada paso los agricultores y ganaderos del periodo Holoceno han reducido los bosques y quemado tierras, pero cada vez que sus granjas y lugares cultivados eran abandonadas, árboles, aves y plantas volvían a resurgir.

¿Qué está ocurriendo hoy lo mismo?

Desde el momento en que excluyamos todo lo que no es humano en nuestras actividades estamos haciendo de la sostenibilidad un concepto mediocre ya que perdemos de vista un trabajo en común con las multiespecies, con los otros seres vivos, que siempre la humanidad ha tenido en cuenta. Aprender a conocer otro organismo es el desafío que nos propone la nueva pandemia; el desarrollo sostenible es un asunto multiespecie. Si nuestros objetivos (también los ODM, Objetivos de Desarrollo del Milenio, esa Agenda que hemos denominada Agenda del 2030, ODS) son la clave para dejar a nuestros descendientes un mundo mejor, es imprescindible preservar posibilidades que vuelvan hacer resurgir el mundo de lo vivo, mundos de simpatías entre humanos y no humanos.

Socialidades nuevas. ¿Cómo hacerlo?

Y en plena emergencia climática, tenemos las suficientes competencias, experiencias aprendidas de la observación científica, de las cosmologías indígenas, de las movilizaciones políticas y sociales, historias escritas y no escritas, de las fuentes femeninas constructoras de mundos a reconocer, a condición que lo dado como único y universal desde Occidente deje de ser una amenaza global, imperial y destructora de todo lo diferente. Todos los pluriversos (un mundo donde caben muchos mundos) que sí se ha mantenido a través de generaciones es porque han trabajado alineados con todas las múltiples especies que nos rodean, lo cual constituye una advertencia para nuestra época. No es que estemos locos (extinción de especies incluida la nuestra) es que hemos bloqueado a los otros seres que no se han convertido en activos económicos, ya los denominemos malas hierbas o setas toxicas.

Así nos lo recuerda el trabajo antropológico de Anne L. Sing que en el “Atlas salvaje” (Feral Atlas. Mucho más que el Antropoceno) nos sitúa y nos señala el desafío planetario sobre el cual hay que prestar atención, dado que la reducción de todo lo vivo a activos financieros ha engendrado terroríficas ecologías que además proliferan y se expanden sin límites. Solo gracias a las acciones de numerosos organismos más que humanos podremos reconstituir paisajes viables. (1)

Demasiado signos nos lo recuerdan de manera obstinada en todo el mundo; tanto la sequía extrema en esta parte del hemisferio, como los violentos temporales de granizo y lluvia que acaba de asolar Argentina.

 

(1). Anna L. Tsing: “La seta del fin del mundo. Sobre la posibilidad de vida en las ruinas del Capitalismo”. 2021.(400 páginas).


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