Dicen que los sentimientos más potentes y movilizadores son el amor y el odio. Es posible, pero ¿qué me dicen de la envidia? (sí, así, eso de la envidia sana es una chorrada, no existe envidia sana, como no existe ira sana o codicia sana). La envidia actúa como detonante (o catalizador, según los casos) del odio.

Proyectar envidia hacia la masa desencadena el odio: envidiamos, y luego odiamos, a las personas ricas o guapas (y si son ricas y guapas, ni te cuento), y en ese paradigma, los futbolistas de élite, por su proyección mediática, son el objetivo preferido: millonarios por darle patadas a un pellejo de vaca (hazlo tú, so listo).

Solo les perdonamos a medias si asistimos a la caída de los dioses: Maradona, gordo, borracho o drogado, incoherente, y luego muerto. Es una suerte de compensación. De la cumbre al abismo, la media que hacemos es la de nuestra propia mediocridad. Podemos dormir tranquilos, existe la justicia.

Anuncios
Anuncios

Por eso no vamos a perdonar que ‘uno de estos’, y además en activo, triunfe también en los negocios. No, un futbolista debe caer en la obesidad, el desmadre, la ruina: mira tú Julio Alberto, mira tú lo gordo que está Ronaldo, mira tú…

Confieso que he echado de menos en la tormenta mediática por los audios Rubiales-Piqué que alguien de algún medio haga un análisis con datos, y vaya más allá del mero cotilleo destinado a alimentar la envidia-odio de la masa.

Lo cierto es que, hasta el formato actual, la Supercopa de España era un torneo veraniego con poco interés y escasa rentabilidad para los clubs, que cobraban la taquilla y una parte de los derechos de televisión. Ahora, el torneo se juega con los equipos ya rodados, con cuatro participantes (más abierto) y con una dotación económica para estos equipos que quintuplica lo anterior, lo que hace que dispongan su plantel de gala para esta cita.

Pero, claro, salta el tema de la comisión, y parece que se ha instalado la idea de que comisión es igual a delito. Vivo en una tierra donde la figura del corredor (de fincas o de ganado) ha sido algo aceptado y hasta bendecido: un corredor no tenía ni fincas ni ganado, pero actuaba de intermediario (comisionista) entre comprador y vendedor, asegurando que ambos quedasen satisfechos. ¿Era un delincuente, pues, al llevar comisión en el trato?

Aquí, Piqué se lleva un 10%, pero vende mucho más decir ¡24 millones de lereles, na menos! Sí, en seis años, a cuenta de multiplicar los ingresos de los clubs y lograr vía Federación que el dinero a los clubs de la antigua Segunda B y Tercera se incremente más de un 300%.

¿Por qué cobra Piqué? Por sus contactos y su conocimiento del mercado. Lo que ha venido haciendo siempre un corredor.

¿Sería mejor el sistema anterior? Pregúntese a los clubs que han visto aumentar su compensación o a los equipos más modestos que ahora disponen de más ingresos.

Pero, hete aquí, que salta la segunda variante: se lleva la Supercopa a un país que no respeta los derechos humanos. Se hacen cruces los mojigatos. Supongo que siempre que van a repostar preguntan de dónde viene el petróleo que se ha convertido en gasolina para su coche, y si es de uno de estos países, la rechazan. También que nunca compran un ‘made in China’, por ejemplo. No seamos tan hipócritas. ¿Por qué no miran, por ejemplo, qué partidos votaron a favor de la venta de fragatas a Arabia Saudí en la Diputación de Cádiz?

Tercera variante: salta a calentar el emérito. El pecado aquí es contactar con una persona que tiene influencia en el país para que ayude a cerrar un trato más ventajoso. Inaudito, nunca ha ocurrido.

Y viene la cuarta variante, mi preferida: consta (parece) que Arabia dice que si juegan Madrid o Barça, se incrementa la pasta (claro está, los derechos de televisión suben de precio, eso es obvio). Eso, para los consparanóicos significa que se favorecerá a Madrid y Barça para que tengan plaza. Veamos los últimos 20 años: si hubiese existido la misma fórmula de Supercopa, el Barcelona la hubiese jugado 26 veces (sí, más que ediciones, porque a veces simultaneó ser finalista de la Copa del Rey y primero o segundo en la Liga), el Madrid, 20 veces; el Atlético, 6; el Bilbao, 5, la Real, 3; el Valencia, 4; el Sevilla, 4, etcétera.

¿En serio hace falta manipular la competición para esto? ¿Y cómo es que Madrid y Barça quedaron fuera de la final de la Copa del Rey este año? ¿Y cómo es que se ‘permitió’ que el Cádiz ganase en el Nou Camp, poniendo al Barça en el filo de quedar, no solo sin Supercopa, sino incluso sin participar en Champions?

Quinta variante: el mantra de ‘Piqué independentista’. Ni él lo desmiente ya, pero no porque sea cierto (se ha manifestado reiteradas veces en contra) sino por mero cansancio. No, Piqué lo que reclamó fue el ‘derecho a decidir’ (equivocadamente, según mi opinión, pero ese es otro debate) y añadió que, se haber referéndum, el votaría contra la independencia.

Anexo de variantes: Piqué pide a Rubiales a ver si puede ir a Tokio con la Olímpica. Esto se puede mirar desde dos perspectivas: es un jugador que renunció a la absoluta (para mí, gran pérdida, porque junto a Sergio Ramos formaba un tándem de centrales magnífico) pero le motiva ir a la Olimpiada, y para ello tiene que mostrar antes disponibilidad, y eso hace. La otra perspectiva: quiere que le enchufen (como si le hiciese falta, como si el entrenador de la Olímpica fuese un monigote). Apuesten por la segunda o se les cae el andamio envidia-odio.

Por cierto, ¿no quedamos en que era independentista? ¿Y quiere defender los colores de un país al que odia? No piense en eso, que se le cae el andamio.

Apunte final: gran parte de todo esto deriva de los ‘cinco lobitos de Piqué’, un gesto que yo no hubiese hecho, pero claro, cuando saltas al campo y desde el minuto uno escuchas lindezas como puta Barça, puta Cataluña, Shakira es una puta, Shakira tiene rabo, tus hijos son de Wakaso, Piqué maricón…, pues a lo mejor los cinco lobitos son una reacción hasta mesurada.