El joven ucraniano Maryan Kovba, acogido desde hace años por una familia placentina, ha pasado de no dormir a tener algo de sosiego. Cuatro de sus familiares, procedentes de su país, ya están con él, pero han llegado «destrozados, con crisis de ansiedad y terrores nocturnos».

«Han llegado muy mal, rotos», ha incidido a EFE Antonio Merino, quien junto a su mujer Margarita Pardo son «los padres placentinos» de Maryan, de 17 años, un joven al que acogieron hace nueve años y cuya tranquilidad en el municipio cacereño de Plasencia se rompió cuando las tropas rusas iniciaron el ataque y la invasión a su país natal.

Antonio y Margarita volvieron a sacar su carácter solidario y se empeñaron en un objetivo: intentar por todos los medios que algunos familiares de Maryan salieran de Ucrania lo antes posible y traerlos a Plasencia.

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Así, el pasado miércoles, dos hermanos de Maryan, el joven Dmytro, de 14 años, y su hermana mayor, Oksana, y los dos hijos de ésta, de 9 y 11 años, salieron de Ucrania en un autobús que les trasladó hasta la frontera con Polonia. Desde aquí, y «gracias la solidaridad del pueblo polaco, llegaron a Varsovia», ha relatado a EFE.

Antonio y Margarita compraron los billetes de avión para que los cuatro volaran hasta Madrid, pero todo no fue fácil. Cuando hicieron escala en París (Francia), surgieron algunos problemas.

«No les dejaban salir de Francia -agrega Merino- porque solo la hermana mayor tiene pasaporte y tan solo disponían de un papel escrito en inglés que les había dado un hombre polaco que les ayudó a llegar al aeropuerto de Varsovia, en el que decía que eran refugiados ucranianos que volaban a España porque aquí tienen familia».

Ante esta situación, solicitó ayuda al Consulado español en la capital francesa, cuyos responsables lograron finalmente que los familiares de Maryan pudieran coger el vuelo hasta España, donde fueron recogidos por el matrimonio placentino y el propio Maryan.

«Creo que no he visto personas más asustadas en mi vida, ya que hay que tener en cuenta que han dejado allí a sus padres y abuelos», relata este placentino mientras toma aire.

Antonio continúa con su relato: «al final hemos conseguido que se sientan cómodos aquí, entre nosotros, de cara a empezar ahora a tramitar todo lo que tiene que ver con la escolarización de los tres menores», algo de lo que ya se está ocupando el colegio de Maryan, el centro educativo Santísima Trinidad.

Antonio, que ya ha iniciado los trámites para que todos tengan asistencia sanitaria, ha agradecido la solidaridad de los placentinos «y Extranjería de Cáceres, que se han volcado con nosotros». «Nos sentimos desbordados», agradece con la mirada.

Ha hecho un llamamiento para que Oksana, la hermana mayor de Maryan, que se ha tenido que separar de su marido y padre de sus hijos, «pueda encontrar pronto un trabajo que la ayude a empezar, poder alquilar un piso… en definitiva, volver a meterse en la sociedad».

Y en este deseo tiene mucho que ver el joven Maryan, ya que ahora mismo es la persona que ejerce de intérprete.

«A pesar de que son nuestra familia, cuando les preguntamos si necesitan algo nos dicen que nada, y cuando le pregunto a mi hijo si pasa algo, me contesta que ellos no piden, que lo que sea está bien y que todo está perfecto», ha dicho Merino.

El padre placentino de Maryan ha reconocido que su hijo, como así lo reconoce, lo ha pasado muy mal con toda esta situación «y aunque ha perdido algunos días de colegio y no ha podido preparar sus exámenes, ya ha respirado y hoy sus familiares, sobre todo los más pequeños, sonríen y juegan, algo impensable el día que llegaron».