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Cientos de personas vibraron anoche con la gran fiesta de La Encamisá, un evento cargado de fervor religioso que regresó a las calles de Torrejoncillo tras el parón provocado por la pandemia.

La de anoche fue una Encamisá emocionante donde las haya. Horas de espera, de incertidumbre, de sentimientos…se cruzaron entre las salvas, el sonido del repicar de las campanas y los gritos de devoción a la Virgen.

La fiesta, declarada de Interés Turístico Nacional, contó con un protocolo para garantizar la seguridad frente a los contagios. Más de 100 escopeteros y unos 180 jinetes fueron un año más, las figuras representativas de La Encamisá, que acompañan al estandarte, junto a locales y visitantes, a lo largo de su recorrido.

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Los participantes tuvieron que usar mascarillas FPP2 en todos los actos, se prohibió la entrada en la iglesia a la llegada del estandarte y se pide la colaboración de la ciudadanía para que no se formen aglomeraciones en la entrada y salida del mismo y, en general, durante todo el recorrido.

Tal y como explicó el alcalde, Ricardo Rodrigo, para el normal desarrollo de la fiesta se ha coordinado un dispositivo de seguridad de 65 efectivos, de Policía Local, Guardia Civil, Protección Civil, 112 y Cruz Roja, que ha sido los responsables de velar para que la fiesta transcurra sin ningún tipo de incidentes. Además, la mayordomía de este año ha lanzado la Campaña Faroles Solidarios.

Por cada farol que se devuelva en óptimas condiciones se donará el precio de este al proyecto “La Hucha de Tomás” de la Asociación de Padres de Niños con Cáncer (ASION), que destina sus fondos a la investigación del cáncer infantil.


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