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El Diario Oficial de Extremadura (DOE) ha publicado el Decreto por el que se declara Bien de Interés Cultural ‘Los Auroros’, de Garbayuela, con carácter de Patrimonio Cultural Inmaterial.

‘Los Auroros’ se constituyen en un patrimonio polisémico que aúna religiosidad popular, tradición y la defensa de una identidad compartida, recreada y reforzada ritualmente con su celebración, tal y como se recoge en el Decreto.

La Aurora es una tradición que se ha mantenido viva en pueblos como Garbayuela principalmente gracias a agricultores, que han sabido suplir la falta de medios por una fe y un tesón a toda prueba.

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La ‘liturgia’ es siempre la misma. Sobre las cinco y media de la mañana, los auroros se reúnen en la sacristía de la iglesia, lugar en el que se guardan los instrumentos que se usan en los cánticos: panderetas, tamboras y, sobre todo, la campanilla, que avisa, dirige y da ritmo. En la sacristía también se guardan ‘la estrella’, que es un farol con esa forma, los faroles y el estandarte de la Cofradía con una imagen de la Virgen del Rosario en el centro.

El mayordomo, o hermano mayor, es el primero en llegar a la iglesia. Tras el mayordomo van llegando el resto de los hermanos de la cofradía, compuesta por dos clases de hermanos, los Activos y los Pasivos.

Los primeros tienen la obligación de levantarse de madrugada para cantar las Coplas de la Aurora y rezar el rosario todos los domingos y días festivos desde el día 8 de diciembre hasta el día de la Ascensión y, luego, desde el 15 de agosto hasta el primer domingo de octubre, día de Nuestra Señora del Rosario.

Los pasivos son los vecinos que, de forma voluntaria, pagan una cuota para el sostenimiento de la hermandad y tienen derecho a que se les cante en su puerta una de las coplas, o si están de luto y así lo desean, mediante aviso correspondiente, se les rece un Padrenuestro, Ave María y Gloria por sus difuntos.

Se trata de un ritual que paulatinamente ha ido desapareciendo en La Siberia extremeña y cuya vigencia en Garbayuela, a pesar de las dificultades cada vez mayores para su continuidad, no es sino un claro ejemplo de los esfuerzos de una localidad encaminados al mantenimiento de sus tradiciones, porque a pesar de una demografía regresiva, del paulatino despoblamiento rural, los rituales se constituyen en un momento fundamental para recrear una conciencia de identidad y encuentro entre el pasado y el presente, subraya el Decreto.


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