Especialistas del Hospital Ribera Almendralejo han advertido sobre las causas más frecuentes de las intoxicaciones alimentarias en verano, provocadas sobre todo por el calor no controlado sobre los alimentos, por dejarlos al sol o en ambientes con temperaturas elevadas, y la mala manipulación, al romper la cadena de frío o descuidar las medidas de higiene de manos y utensilios.

“Las intoxicaciones alimentarias pueden estar causadas por diversos agentes infecciosos, que pueden ser bacterias, virus o parásitos, y también por sus toxinas, que contaminan los alimentos que consumimos”, según explican especialistas delos diferentes servicios de Digestivo del grupo sanitario Ribera, que gestiona el Hospital Ribera Almendralejo. Estos añaden que las contaminaciones más frecuentes son las producidas por bacterias como la Salmonella, el Campylobacter, o el E. Coli o Listeria “que proliferan en alimentos mal cocinados o conservados, produciendo síntomas como náuseas, vómitos, dolor abdominal, diarrea, malestar o fiebre”.

Recuerdan, además, que el calor no controlado “genera un efecto de maduración acelerada en los alimentos y puede desencadenar la alteración en el crecimiento de organismos patógenos en ellos y provocar una intoxicación”. “Las bacterias se multiplican más fácilmente con temperaturas entre los 5 y los 65 grados y, por lo tanto, es aconsejable mantener los alimentos en el frigorífico por debajo de los 5 grados, y en el caso de comidas calientes, cocinarlas por encima de los 65 grados”, explican.

Anuncios
Anuncios

El problema se agrava en determinados colectivos e incluso en personas que no tienen ninguna patología previa ni son de riesgo. “Una misma intoxicación en un grupo de personas puede producir síntomas muy leves en unos, ausencia de síntomas en otros y enfermedad grave e incluso riesgo vital en los más vulnerables”. “Esto depende, además de la cantidad de alimento en mal estado ingerida, de diversos factores individuales, como la edad o el estado de salud”, añade. Pero sin duda, todos los profesionales coinciden al afirmar que “las personas con más riesgo de sufrir intoxicaciones alimentarias y de que éstas alcancen una mayor gravedad son los niños pequeños y los ancianos, las embarazadas y las personas con el sistema inmune debilitado, ya sea por enfermedades crónicas o por tratamientos como los que se administran para el cáncer o algunas enfermedades autoinmunes”. Pero atención: esto no quiere decir, añaden, que “las personas que no cumplen estas características, que a priori son más resistentes, estén exentas de riesgo, ya que determinados agentes causales pueden llegar a producir una enfermedad grave también en adultos jóvenes y sanos”.

Y ¿qué alimentos son más seguros y cuáles es mejor evitar para no arriesgarnos a una intoxicación? Todos los alimentos que se encuentran en unas óptimas condiciones de conservación, los alimentos bien cocinados, que hayan sido expuestos en sitios a altas temperaturas durante tiempo determinado y los lácteos pasteurizados no tienen por qué generar ningún problema. Los profesionales del grupo Ribera recuerdan que es prácticamente imposible hablar de alimentos “completamente seguros” y consideran más importante conocer las medidas básicas para prevenir el crecimiento de microorganismos. Es decir, la prevención de este tipo de situaciones: “Es clave el lavado frecuente de manos y de los utensilios de cocina”.

Por este motivo, todos ellos recomiendan evitar la carne poco cocinada, especialmente la picada, los pescados crudos, los lácteos no pasteurizados, los productos que contienen huevo crudo como tortillas sin cuajar por dentro o platos que contengan mahonesa, postres con nata o crema pastelera a temperatura ambiente, vegetales que se consumen crudos sin pelar y anteriormente no se han lavado o no se puede garantizar la higiene de manos de quien los ha manipulado, arroces u otros guisos preparados con antelación y que se mantienen a temperatura de riesgo varias horas y alimentos listos para el consumo cuando no se han respetan las condiciones de uso, conservación o fecha de caducidad.

Además, insisten en que los ciudadanos garanticen que beben agua potable, sobre todo en excursiones y picnics, y que mantienen la cadena de frío en las sobremesas y salidas a la playa y la montaña a pasar el día.