Extremadura necesita reflexionar sobre la causa de su retraso y marginación durante tanto tiempo y por todos los gobiernos. Hemos tratado de aclarar este tema, pero no parece que nos hayamos explicado bien, o haya quien quiere introducir la niebla para que nada se vea claro.

Extremadura no es autónoma, a pesar de las instituciones que dicen lo contrario. No puede decidir sobre sus intereses. Sus representantes no pueden llamarse sus defensores porque dependen, en sus decisiones, no de los intereses de Extremadura, sino de los intereses de la oligarquía partidista que ha organizado el sistema tan bien, que por donde caigan los votos, siempre caen en su cesto.

Los dueños de los partidos, los que los crean, lo tienen bien pensado. Ellos tienen el control de los parlamentarios que, por disciplina de partido, tienen que votar a lo que diga y mande la dirección del mismo.

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Cada partido representa los intereses de aquellos que los crean y los controlan. Dentro de ese control, están los diputados de Extremadura, pero los intereses de los partidos y sus dueños, no están en Extremadura, sino fuera de ella. Esto supone que los representantes teóricos, elegidos por los extremeños, dependen, plenamente, de los intereses de su partido pero ajenos a los de Extremadura.

¿Para qué queremos unos representantes que representan la voluntad de unos partidos a los que no les importa Extremadura, sino sus intereses que están fuera y son ajenos? Esta estructura tan bien pensada, nos mantiene, a los extremeños, como en una jaula de la que no se puede salir, salvo que se cambiara la ley electoral y la disciplina de partido no se pudiera exigir por encima del artículo 67.2 de la Constitución, que prohíbe el voto imperativo exigido a nuestros representantes teóricos. Nuestros representantes solamente son representantes simbólicos, porque quien les manda y les obliga a votar es cada partido, al que sirven por exigencia legal.

Los elegidos en Extremadura diputados o senadores, no son libres para votar a los intereses extremeños, dependen plenamente de los partidos a los que tienen que servir y obedecer por disciplina interna, que si no cumplen podrán ser castigados por los mismos, y si tienen que permanecer en silencio ante las injusticias, están obligados a votar lo que les manden, no lo que les pida su conciencia regionalista.

Si los diputados extremeños dependieran, en exclusiva, de aquellos que les votan, no tendrían la obligación de votar contra los intereses de Extremadura por disciplina de partido. Serían libres para votar por los intereses de los extremeños.

Por esta razón, pedimos a los extremeños que se den cuenta de que su voto está vendido de antemano. Aunque los representantes  teóricos o simbólicos quisieran defender a Extremadura, no son libres para defenderla. Están al servicio de los partidos que utilizan a Extremadura para servir a regiones más potentes, de las que depende, muchas veces, su propio poder.

A Extremadura le tocará siempre perder, porque el poder de los partidos no se decide en Extremadura, sino donde hay muchos votos y mucha presión a la que se someten los partidos y, a veces, los propios gobiernos.

Bastaría con ver lo que ocurre cada vez que se aprueban los presupuestos generales del Estado. Tenemos 20 parlamentarios entre Congreso y Senado, si sus votos pesaran a favor de Extremadura, el trato sería muy diferente. A veces, un solo parlamentario consigue para su región varias veces más que los 20 representantes de Extremadura, porque nuestros diputados y senadores nunca están en esas discusiones para defender los presupuestos en lo que afecta a Extremadura. Existen, pero como si no existieran, son ignorados, porque nadie les da vela en ese entierro.

Una persona cualquiera es más libre a la hora de votar por su tierra, que un diputado o senador extremeño, por la disciplina de partido.


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