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(Hacia una ecología de la atención).

Trataremos la incertidumbre en sus modos de uso, en algunos resultados en pugna que surgen en las relaciones sociales, económicas y políticas.

En la vida política, en las democracias donde la separación de poderes, el voto universal y el estado de derecho están constitucionalmente asentados hay incertidumbre, guerras de poder, incluso cuando a nivel electoral se comprueba que ningún partido político consigue la mayoría absoluta y se pacta sin cordón sanitario (aislamiento de partidos fascistoides) como tenemos ejemplos en distintos gobiernos autonómicos y aun por dilucidar en Cataluña donde cualquier pacto independentista vale.

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En la vida social, la incertidumbre es el auge de participación social que el feminismo reclama más allá de la propuesta de igualdad exigiendo cambios radicales en las estructuras patriarcales. El género se democratiza; hay todavía en constituciones estatales la prohibición a una mujer de tener cargos políticos si tiene hijos extranjeros, y otras, como en el caso español, que impiden a la mujer, si hay varón, la sucesión monárquica,nos guste o no la llegada a la Jefatura del Estado a dedo y por herencia dinástica.

En la vida económica, la incertidumbre se origina cuando los estados están a disposición de modelos de mercado monopolista: ¡cinco multinacionales mueven el mundo en red!  Y todo este comercio electrónico global no solo es del comercio minorista, pues, poco a poco, controlan el mundo de las finanzas, el publicitario y el de los medios de comunicación. En la actual pandemia también solo cinco grandes farmacéuticas dominan las vacunas disponibles a nivel mundial.

En la vida científica, el modo incertidumbre juega un papel destacado de inseguridad, cuando algunos científicos se entregan a lobbies comerciales a fin de inocular el relativismo del “nunca se sabe nada seguro”, del todo es incierto por tanto “nada de qué preocuparse”. Y en esa indefinición intervienen cuando hay que justificar desde el tabaco tóxico, a las industrias fósiles, los pesticidas para la producción de alimentos, a la energía nuclear para la electricidad, o a la tecnología farmacéutica para producir medicamentos no necesarios.

Sin embargo, la ciencia trabaja con “controversias”; disputas que se desarrollan durante tiempo como la historia de la ciencia y las tecnologías nos muestran. Trabajan con herramientas que permiten que el mundo sea observable, para lo cual deben constituir unecosistema complejo a compartir con el público para que les aporte respeto y autoridad.

Pero no ha sido siempre así. Desde el siglo XVII (fin de las guerras de religión en Europa), la certeza absolutae indiscutible es proporcionada por un solo enunciado, válido por tanto para todo tipo de cuestiones, las religiosas, como de política o de ciencia. Se buscaba un“único hecho científico”, separado del resto, capaz de explicar el problema planteado y por tanto de ser verdadero (verdad).

Y de esa modernidad descontextualizada nos coge el debate acerca del clima, en plena crisis ecológica, prolongada ahora en pandemia vírica. Y entonces empezamos a comprender, años noventa, que todo se haya explicado separándolo de su contexto y que ya nofunciona para el periodo actual. Hoy la ciencia y la sociología de las ciencias nos muestran que la totalidad de las pruebas objetivas se obtiene teniendo en cuenta su ecosistema y no un hecho aislado.

El clima deja de ser una metáfora de laboratorio o un fenómeno que se repite cíclicamente ante el cual la ciencia está preparada y lo solucionará. Ya no es solo un aspecto de la naturaleza quien define el clima del planeta, y sus cambios ya no se miden en siglos si no somos capaces de regenerar los recursos que extraemos aceleradamente. Esto implica contar con una nueva sociedad y capacidad crítica que desde luego se va a ver confrontada con la anterior en el sentido de pérdida de confianza, de echar en falta su identidad que lo ha sostenido hasta entonces para comprender el mundo.

¿Qué hacer cuando algunos nos dicen que el mundo actual no es el mismo que ellos entienden?¿Qué hacer de las disputas acerca de qué mundo debemos habitar? ¿Cómo intervenir en esa guerra  de mundos? De ahí la importancia de conectar los dos lados: el de la descripción de un mundo habitable y la cuestión de la complejidad de las controversiascientíficas. Vivir en un mundo fragmentado entre unosterritorios y unos cuerpos existenciales humanos y no humanos incluso si aun parte de la ciencia todavía no lo ha asumido enteramente.

Desarrollar, pues, la importancia en nuevasherramientas que nos describan las controversias, en el momento mismo que se estan teniendo sin dejar que se conviertan en históricas, es decir que solo las tengamos en cuenta una vez hayan pasado.

Es apasionante y saludable restituir la confianza en las instituciones científicas, en las actividades de investigación para que el planeta del cual dependemos sea lo más observable posible. Y también de los recursos tecnológicos democráticos para que apliquenlas condiciones necesarias para la vida.

La incertidumbre no es revindicar el deseo como pérdida a fin de conseguir lo que hemos perdido, másbien se trata de desear para crear lo nuevo con esos encuentros imprevistos, inesperados, que vienen de afuera. Es sintomático que todo este debate social haya aparecido precisamente con el cambio climático y su emergencia, derribando el sedentarismo afincado en unaintensidad solo interior, abriendo por tanto habilidades nuevas con el propio afuera.

La incertidumbre no es ningún precipicio sino la confianza en que las certezas creadas no sean únicas y no se separen de su contexto para evitar imponerse para siempre y de manera universal.

Abandonar la educación que nos explica como la ruptura entre el mundo material (los recursos, el agua, aire, suelos) y el mundo ecológico eran solo disputas culturales”, incertidumbres, sin más repercusiones vitales. El capitalismo se regenera de ese abuso.

Imprescindible lectura en Bruno LATOUR. “Cara a cara con el planeta. Una nueva mirada sobre el cambio climático alejada de las posiciones apocalípticas (2017) y “Dónde aterrizar. Cómo orientarse en política” (2019).


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