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Benito Pérez Alonso era un vecino de Cilleros que desapareció el 19 de julio de 1995 y su ausencia transformó la vida de toda su familia. Tras una larga búsqueda durante casi 25 años, en julio de 2019 se localizaron restos óseos en una finca de su mismo municipio, pero no ha sido hasta este jueves, 14 de enero, cuando han sido identificados. Una prueba de ADN realizada a un familiar ha permitido cotejar las muestras y llegar a la conclusión de que el cadáver que apareció semioculto entre la maleza en un paraje de Cilleros era de Benito, que desapareció cuando tenía 63 años de edad.

El 19 de julio de 1995 se presentaba como una jornada calurosa en Cilleros, un día que parecía tranquilo hasta que corrió la voz de la desaparición de Benito. Era un hombre soltero, hijo de Juan y de Mauricia, que había nacido el 20 de abril de 1931. Vivía en el número 85 de la calle Lancha Cristal de este municipio de la comarca de Sierra de Gata y esa jornada se perdió su rastro. Nadie volvió a verlo desde entonces.

“Te puedes imaginar, lo pasamos muy mal, porque me lo dijeron mi hermana y mi madre. Yo tenía muy buena relación con mi primo porque me crié con mi abuela en Cilleros y él vivía dos casas por debajo de ella. Cuando me lo dijeron me sentí fatal, muy mal, fue un golpe”, ha explicado Josefa Seco, prima de Benito.

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También fue un día que el actual alcalde de Cilleros, Félix Ezcay, no olvidará mientras viva. Era un joven de 28 años y se disponía a celebrar su cumpleaños con unos amigos, pero sin embargo se unió rápidamente a la búsqueda del desaparecido porque “era una persona carismática, que se hacía querer. Todos le conocíamos”.

Fue su hermana, Máxima Pérez Alonso, quien denunció la desaparición después de comprobar que no había regresado a su domicilio tras realizar uno de sus rutinarios paseos por el campo. Rápidamente se organizó un dispositivo de búsqueda al que se unió la práctica totalidad de la población.

“A nosotros, como bomberos forestales, se nos pidió que participáramos en la búsqueda. Buscamos en la zona en la que después aparecieron los restos. La zona con más roca y escabrosa de Cilleros”, ha indicado Fernando Cordero, vecino de la localidad y jefe de retención de incendios del Infoex en 1995. Su prima, Josefa recuera ahora los malos momentos que pasó la familia debido a la desaparición de Benito.

“Mi madre lo pasó mal, ella se murió con la pena de no volver a saber nada. A mí me lo transmitió de una forma que yo lo he estado sintiendo todos estos años”, asegura. Dolor, rabia e incertidumbre son algunos de los sentimientos que ha podido transmitir su familia.

“La pena es no saber cómo murió ni por qué. Yo creo que una persona si se muere en el campo de un infarto, una caída o algo, no aparece enterrado. Ese es el dolor que tengo yo, me siento impotente”, recuerda ahora su prima Josefa apenada.

El 1 de octubre de 2008, Máxima Pérez Alonso inició expediente para la declaración de ausencia de su hermano. El entonces juez titular del Juzgado de Primera Instancia e Instrucción de Coria, Gabriel María Polanco, hizo pública la desaparición de Benito “para que los que tengan noticias del desaparecido puedan ponerla en conocimiento en el Juzgado”.

Declaración de ausencia de Benito Pérez dictada por el Juzgado de Coria en 2008.

Tras realizar numerosas batidas para la búsqueda del desaparecido, se recurrió a lanzar mensajes pidiendo ayuda en televisión. En aquella época se rastrearon todos los parajes que solía frecuentar, pero no fue hasta el 4 de julio de 2019 cuando se volvieron a recibir noticias. La Guardia Civil informó que se habían encontrado restos óseos que podrían pertenecer a una persona en la finca “El Chorlito”, situada en el término municipal de Cilleros.

“Cuando aparecieron los huesos en la finca todos nos imaginábamos que eran de Benito. Estaba desaparecido, todos le conocíamos. Habría sido una sorpresa si no hubiesen sido de él”, ha explicado el alcalde de la localidad.

Fue entonces cuando los investigadores comenzaron una búsqueda para intentar localizar a algún familiar de la víctima. Así fue como dieron con el paradero de su hermana Máxima quien, tras informarle del hallazgo de los restos, no dudó en someterse a una prueba de ADN para cotejar muestras y que el análisis forense pudiera determinar con exactitud si el cadáver encontrado era el de Benito. Esta muestra fue remitida al Laboratorio de Criminalística de la Comandancia de la Guardia Civil de Cáceres, que realizó un primer trabajo de campo. Del resto se encargó el Servicio de Criminalística (SECRIM), que completó el análisis. Con los resultados en la mano, se pudo confirmar la relación de parentesco existente entre ambos. Una manera de hacer que Benito pueda descansar en paz después de 25 años de búsqueda.


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