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(Hacia una ecología de la atención)

No nos queda otro remedio que volver a ser críticos con la globalización reinante. La globalización económica creada e impuesta por el capitalismo de la cual la situación pandémica es su mayor consecuencia, aunque no la única.  La globalización científica asociada a las leyes del mercado que hace insensibles respuestas urgentes frente al cambio climático. La globalización del “tiene que ser así, no tenemos elección” que en cada proceso electoral democrático nos lo vuelve a recordar. La globalización patriarcal en guerra contra la vida, contra las mujeres por el simple hecho de ser mujeres.

Globalizaciones interconectadas que nos sitúan de una vez por todas en el planeta Tierra que habitamos y nos orienta no para darnos la solución definitiva  y sí, al menos,  para orientarnos  a asumir nuestras  responsabilidades.

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¿Cómo salir de todos los avisos advertidos una vez que el planeta nos ha puesto ante el espejo? Para Eudald Carbonell (Ribas de Freser, 1953. Prehistoriador, arqueólogo, antropólogo, geólogo y paleontólogo) debemos salir de la globalización: “Tenemos que hacer una planetización”.

En lugar de la uniformización en que el sistema económico dominante nos ha reducido, un proceso renovado de interdependencia con el planeta. Conocimientos y saberes excluidos tanto de indígenas, como de mujeres y campesinos en el mundo entero. Conocimientos compartidos con todos los interrogantes que los científicos marinos desarrollan para poder comprender cómo el cambio global actual podría afectar a los microorganismos de la Tierra (hongos, levaduras, bacterias o virus) y sus consecuencias en el funcionamiento de la biosfera.

Claro que cambios climáticos ha habido en la historia del planeta, pero en el último siglo, para adaptarnos mejor, estamos acelerando el proceso mismo equivocándonos totalmente. El capitalismo entiende que la tierra tiene recursos limitados pero su supervivencia requiere una expansión constante.  Caiga quien caiga.

Las dos guerras mundiales dejaron millones de muertos a fin de estabilizar el sistema capitalista el cual se impulsó, en un nuevo colonialismo, de otras muertes y sufrimiento global a fin de obtener las suficientes materias primas, empobreciendo a las tres cuartas partes del mundo. Nos hemos convertido en seres con pensamiento único, dejando una sola y única memoria frente a todos los sistemas culturales diversos y posibles. “Tenemos que ir a nuevos sistemas derivados por la propia lógica humana. Si no lo hacemos nosotros, lo hará la propia evolución”.

¿Cómo hacernos responsables de nuestros actos? En un mundo que se ha convertido, como por arte de magia neoliberal, en un globo ya explorado enteramente, los responsables ya no son responsables de nada.

Y encima nos piden que sigamos teniendo confianza en el progreso; que aceptemos seguir destruyendo porque así tendremos empleo y prosperidad. El ejemplo de la minería a cielo abierto a nivel global deja impunes multinacionales apoyadas por gobiernos de Australia, Canadá, EEUU y China cuyos tentáculos han llegado a Europa, no haciéndose responsables de lo que hagan fuera de las fronteras de donde son matriz. Y el capital financiero cuando llega a Cáceres , con la mina de litio,  se dirige a los parados para que no rechacen tal oportunidad .

Que tengamos confianza en que para alimentarnos mejor solo usemos semillas   aprobadas por la industria multinacional agroalimentaria de turno donde nuevamente comprobamos que países que los sustentan como Suiza, EEUU, Alemania y China eluden su alcance de denuncia jurídica fuera de sus territorios.

Para Vandhana Shiva ( Dehradun. 1952. Física, filosofa, activista y feminista) “el robo de semillas es la gran amenaza mundial que debe ser detenida”.  Comprobamos como centros de investigación de determinadas universidades, junto con fundaciones ligadas a empresas de fitosanitarios y químicos agrícolas aceptan contratos a fin de eliminar productos fruto de una cultura e historia garantes de una vida segura por venir como son las semillas campesinas. Y lo más estremecedor; que, para escapar a cualquier control democrático, e internacional, pretenden fusionarse con las farmacéuticas multinacionales en las cuales hemos dejado la investigación de las vacunas contra la covid-19. (Atención a las empresas big data).

La planetización requiere por tanto otra mirada distinta, la de la importancia del   liderazgo de las mujeres que sin dominación participan de la vida real. Y tienen razones para ello. Que otro futuro es posible. Que patriarcado y capitalismo se fundieron, en un momento histórico, para estructurar toda una vida de explotación, de barbarie, de desigualdad. Ese montaje hibrido puede producir impotencia para transformarlo, pero lo mejor es no ponerse en su lugar, pero tampoco del lado del resentimiento rencoroso.

Acabar con el patriarcado es repensar lo recibido, como dado tan naturalmente y sin responsabilidades.  Igual que acabar con la violencia racista que, con el primer colonialismo global, introdujo las razas como problema social, yendo a África para hacer esclavos. Compromisos que debemos asumir para los migrantes.

Y esas son las razones no conquistadoras para resistir, y más bien de pertinencia corporal y territorial. Promesas de nuevas vidas y relaciones sociales, más que esperanzas y salvadores.

Recomiendo “Los motores unicelulares de un planeta azul cambiante”. ( 24 noviembre. Theconversation.com).


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