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Tengo un amigo (imaginario, que son los mejores porque, si te fallan, te los cargas y no vas al trullo) que hace unos días me comentó que estaba buscando alquilar un puticlub para celebrar la Primera Comunión de su hijo. “Verás –me dijo— no celebraré la ceremonia allí (¡menos mal!), solo el convite, y es que como han cerrado los bares de copas, algo tendremos que hacer tras la cena, echar un baile o dos, y una copa o tres. Coño, que la comunión no se recibe todos días”.

Eso era hace unos días, porque luego Sanidad rectificó y permitió abrir la terraza de algunos bares de copas (¿por qué en el interior de una cafetería se puede estar a las 12 y en el interior de un pub no?), pero, eso sí, solo hasta la 1. Como si al hada madrina de Cenicienta se le hubiese olvidado cambiar la hora, y podamos estar hasta que suene la campanada antes de perder el zapato de cristal y las formas. Como si la gente acudiese a esos locales a las 8 de la tarde. Como si los rebrotes se debiesen a estas actividades. Como si la gente se fuese a casa a la hora del toque de queda. Y mientras esto escribo me entero de que la Junta ha tomado la ‘decisión política’ de cerrar los puticlubs.

Decía Alvite que, contra lo que se piensa, las revoluciones no se transmitieron por los libros de los ideólogos, sino por las palanganas de los burdeles, y que a los poderes tradicionales les espanta el espectáculo público de la libertad llevada al extremo de la obscena y pagana carnalidad. Sacan entonces a relucir –continúa el maestro—el urbanismo y la higiene con la apariencia de luchar por la dignidad de las mujeres.

Eso debió de pasarle a Irene Montero, que reclamó, con la excusa del virus que lo mismo sirve para declarar servicio esencial los estancos que para prohibir fumar, el cierre de prostíbulos, lupanares, mancebías y similares lugares que atentan contra las buenas costumbres y la moralidad, en ese puritanismo victoriano disfrazado de progresía, que combate el pecado laico con un afán que hace a Torquemada estremecerse de placer en su tumba. Ya con Franco se cerraban los ‘putis’ por Cuaresma, que empieza por C, como el Covid. Hemos avanzado hasta los años 50.

Porque Montero ya no quiere la revolución (si es la quiso algún día), ni siquiera la evolución: ha llegado a donde nunca soñó que llegaría, y su ideología es el estatus alcanzado.

Rápidamente, algunas autonomías se prestaron a este auto de fe purificador de almas y conciencias, destacando el caso del País Vasco, donde el partido gobernante, que mea agua bendita desde su fundación jesuítica, dijo que ya los había cerrado al decretar la clausura de “los establecimientos de actividades eróticas”. ¿Cabe expresión más melindrosa y cursi para definir una casa de putas?

Extremadura resistió, pero ha terminado dejándose llevar por la ola moralizante, por esos lobby que suplen su falta de empaque y representatividad con mucho escándalo y griterío. ¿Algún sindicato o asociación de putas ha pedido esta medida? No, pero estos grupúsculos saben mucho mejor que las mujeres lo que conviene a las mujeres. Y lo que ahora conviene a las mujeres que ejercen la prostitución es morir de hambre, así estarán delgaditas cuando llegue la vacuna y los puticlubs reabran.

Ya, me conozco el argumento de la trata de blancas y la trata de negras, pero estos grupúsculos no luchan contra la prostitución de mujeres obligadas a ello, sino contra la prostitución, a secas. Aquí hay más moralina rancia que teología de la liberación.

A todo esto, nuestro flamante presidente vuelve de vacaciones con un moreno que envidiaría el mismísimo Julio Iglesias y reúne de urgencia a su gobierno, o a sus dos gobiernos. Tras una intensa sesión, valorando la situación, se decide no hacer nada. Bueno, se decide que sean las comunidades las que hagan, otorgándoles la gracia suprema de poder pedir el estado de alarma (es decir, algo que ya podían hacer).

Echa balones fuera, como con el curso escolar, temeroso de molestar a los nacionalistas (antiguamente llamados ‘minoría vasca’ y ‘minoría catalana’ y hoy, por obra y gracia de la aritmética, ‘socios de una coalición de gobierno progresista’. Ahora resulta que la burguesía catalana y la ultraderecha vasca son progres). Y es que ahí está ya el debate de presupuestos, y como canta Sánchez a Urkullu y Torra, “sin ti no soy nada”.

Eso se disfraza de ‘competencias cedidas’ pero ¿no están cedidas las competencias en Sanidad y el gobierno decretó el límite de horarios, los aforos, el cierre de locales de copas y tantas otras cosas?

Pero bueno, a lo que íbamos: nadie se preocupe, si se pasó de desaconsejar las mascarillas a hacerlas obligatorias y de nominar estancos como servicio esencial a prohibir fumar, no sería extraño que en un par de semanas se declare también a los puticlubs servicio esencial, e, incluso, que se den bonos para reactivar el negocio y salvar el empleo.