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Ismael Bravo, alcalde socialista de Talayuela, lo advirtió con rotundidad en este mismo medio: «Han dejado una población desabastecida de gas butano y eso no lo vamos a consentir». Y además insistió en que durante la jornada del miércoles habría una solución al problema originado después de que los 345 residentes de Finca La Barquilla, confinados desde hace varios días, se quedasen sin bombonas con las que hacer la comida o suministrar agua caliente a sus hogares.

El problema se originó el martes, cuando un empleado de la empresa concesionaria del servicio de butano decidió no realizar el reparto de las bombonas a los habitantes de la Finca La Barquilla, en el municipio cacereño de Talayuela, por temor a contagiarse tras confirmarse 54 casos activos de Covid-19 por PCR.

El alcalde informó que la empresa concesionaria, Hijos de Miguel Rocha, S.L., de Oropesa (Toledo) desplazó un operario con un camión que se negó a acceder al interior del poblado tras comprobar que había un grupo de personas en el camino de acceso. El alcalde y varios miembros del equipo de gobierno ya tienen experiencia en esto, pues días antes se habían ataviado con los equipos de protección individual (EPIs) para proceder a la distribución de alimentos a una población con casi 300 ciudadanos de origen magrebí que se encuentra confinada tras autorizarse el pasado viernes medidas de intervención administrativa que restringen la libre circulación de personas fuera de la explotación tras la detección de un brote epidemiológico de Covid-19 que afecta a 54 personas.

Ismael Bravo indicó que el repartidor se negó a acceder al poblado porque así lo tiene establecido el protocolo de protección sanitaria de su empresa, a pesar de que la distribución del gas butano se realiza cada 15 días y este martes le correspondía hacerlo en la Finca La Barquilla. Sin embargo, y fuera de cualquier protocolo, ayer fue el propio gerente de la empresa el que se montó en el camión y se dirigió a la explotación para abastecer de gas butano a todos sus residentes.

Como ya hicieran en días anteriores con la distribución de alimentos, el alcalde y los miembros de su equipo de gobierno se pusieron los EPIs y comenzaron a hacer de butaneros: casa por casa, puerta a puerta, cogían las bombonas de gas del camión, se las entregaban a los residentes, les cobraban el importe y se lo daban al responsable de la empresa.

«Ya advertí de que este asunto iba a solucionarse hoy», decía anoche orgulloso el alcalde. Y así es como los miembros del equipo de gobierno se convirtieron en butaneros por un día.