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El 21 de junio de 1933, el diario madrileño “El Sol” publicaba su primera crónica sobre la representación de “Medea” en el teatro romano de Mérida, en su primera edición de la era contemporánea, que recuperaba el teatro para lo que fue creado. La firmaba M. Fernández Almagro. [1]  

“No menos de veinte siglos ha esperado Séneca la representación de su “Medea”. El “tercer Séneca”, como decían los que descubrieron a Lucio Anneo Séneca— hijo de Marco— coexistiendo con el filósofo al trágico.” De este modo iniciaba su crónica el cronista. [2] “Las tragedias de Séneca constituyen un poderoso nexo del teatro español con el clásico; contribuyen a explicar con tantos otros elementos, la solera de nuestra inspiración dramática. Y en un posible estudio de literatura comparada, Calderón y Séneca marcarían dos líneas de curiosa confrontación. El punto de referencia podría situarse en esta “Medea” que D. Fernando de los Ríos ha tenido el acierto de brindar al trabajo de un director de escena como Rivas Cherif  y de una razón artística cual la Xirgú-Borrás. No cabían mejores colaboraciones, en verdad. Nadie ha discurrido ni servido entre nosotros mejores iniciativas escénicas que el asesor literario del Español. Y para encarnar de sumo porte trágico, ¿existe otra actriz que no sea Margarita Xirgú, Electra o Salomé ya ejercitada. Y la voz –magnífica voz—y la prestancia de Enrique Borrás –corpulento y solemne–, ¿no le recomiendan para esta clase de teatro?” [3] Así continuaba la entradilla a su crónica, de casi tres columnas, en El Sol, el cronista.

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Más adelante, Fernández Almagro afirma que ha sido preciso buscar a “Medea” a través del tiempo y el espacio.” El tiempo, con sus barreras de lengua y gusto, lo ha salvado victoriosamente –y cómo no- D. Miguel de Unamuno. “Magnífica expresión la suya, admirable de sentido, propiedad y fuerza: castellano jugoso y eterno, claro y emotivo hasta en la palabra más secundaria, gracias a esa sabiduría, del que, a más de ser muchas cosas, es maestro en humanidades y supo vivificar a la moderna otro mito, el de Fedra. Con Medea ha sido otra la labor de Unanumo, “que ha llevado al extremo límite su respeto más absoluto al texto original. Ha traducido lealmente, vertiendo sin añadir, haciendo sentir lo ajeno con lo propio; la traducción de Unamuno tiene valor sustantivo.

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Relata el cronista el sentimiento de España, que le ha producido el viaje a Mérida en autobús, que le invita a pasar revista “a los consabidos ingredientes del paisaje: la encina, el trigal, el río, la recua, el poste, la señal, el castillo, el poblado, la cigüeña, el pastor, la lejanía azul, cárdena, gris, negra…” También ve el cronista “el espíritu de España en el fantasma de los conquistadores que nos aguardaban –antes que “Medea”—en la oscura tierra extremeña, en Trujillo sobre todo, hecho de granito y yedra. Y en Mérida, desde luego, tan romana como cristiana, un poco árabe también. En Mérida multisecular, Mérida se nos presenta no como una supervivencia de las que infunden respeto o curiosidad, sino como fuente actual de emoción”.

Se refiere luego el cronista a las impresiones de la representación. “Hemos experimentado impresiones que no se nos borrarán nunca. Al comentarista de la vida teatral española le importa consignar el espíritu de sincera atención, de auténtico fervor con que el público ha asistido a un espectáculo de arte. Séneca resucitado puede constituir una fecha de arranque… Y sobre nuestra descripción, por actual que fuese, está el acierto y la virtud del mágico desenlace. Medea arrebatada en carro de fuego, mientras antorchas e imprecaciones animan al coro y dan a la terrible anécdota su fondo natural de furia y dolor.”

Los Reyes de España asisten hoy a la inauguración del LXVI Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida, como el presidente de la República, Manuel Azaña, asistiere a la representación de “Medea” en la reinauguración del teatro en época contemporánea. El teatro se inauguró entre el año 16 y 15 a. C. En el siglo IV de nuestra era, fue abandonado como consecuencia de la oficialización del cristianismo, para la que el teatro era algo inmoral. Cubierto de tierra hasta principios del siglo XX, en que se inició la excavación, desde 1933 el Teatro Romano de Mérida alberga el Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida, abierto con “Medea” de Séneca, traducida por Unamuno. En 1935, debido a la situación del país, las representaciones fueron suspendidas hasta el año 1953. Desde entonces y hasta ahora, durante los meses de julio y agosto, el Festival acoge las obras clásicas concebidas para representarse en un marco como el teatro romano.[4]

En la imagen, Medea – llibre d’Antonina Rodrigo, Margarita Xirgu y su teatro.

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[1] Vid.: Melchor Fernández Almagro (Granada, 04/09/1893; Madrid, 22/02/1966), licenciado en Derecho,  crítico literario, historiador, periodista y académico de la Lengua y de la Historia. Adscrito al bando franquista durante la Guerra Civil, fue gobernador civil de Baleares del 5 al 19 de abril de 1940. Incorporado a Prensa y Propaganda, acabada la guerra se dedica a la Historia y a la crítica literaria en Abc y La Vanguardia y se integra en el primer Consejo General del Teatro del franquismo bajo la presidencia de Eduardo Marquina. Formó parte del Instituto de Estudios Políticos. Se especializó en la Historia política de España de los siglos XIX y XX.

[2] Vid.: Fernández Almagro, M.: Representación de `Medea´ en el teatro romano de Mérida, en El Sol de Madrid, de 21 de junio de 1933.

[3] Vid.: Jiménez Villalta, Enrique: Blog Un paseo por la isla verde. 18 de junio de 1933. Medea con Margarita Xirgú, primera representación del Festival de Teatro Clásico de Mérida.

[4] Vid. Blog Viajero errante. Una noche en el Teatro Romano de Mérida.


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