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Estimaban las autoridades sanitarias, allá por el mes de mayo, que durante los meses de verano se iba a producir una reducción del número de contagios de Covid-19 y advertían sobre la necesidad de adoptar precauciones de cara al otoño. El 19 de mayo, hace ahora dos meses, la Junta de Extremadura confirmó un nuevo positivo por PCR en el área de salud de Mérida. Hoy, 20 de julio, ha confirmado nueve casos en Extremadura que, unidos a los siete de ayer, suman 16 contagiados en tan solo 48 horas. Dicho de otro modo: estamos multiplicando por ocho el número de contagios de hace dos meses, cuando aún se discutía en esta comunidad autónoma si habría o no cambio de fase.

A medida que pasa el tiempo se reduce la edad media de los contagiados por la Covid-19; ha crecido en un 80% el número de positivos entre la población infantil y se ha duplicado entre los jóvenes. Se puede dar por válido el argumento de que el aumento del número de pruebas PCR ha contribuido a destapar numerosos casos asintomáticos, e incluso que el cambio de hábitos entre la población tras la llegada del verano nos ha llevado a relajar las medidas de precaución. Pero este significativo crecimiento del número de contagios revela un evidente retroceso en las previsiones sanitarias, algo a lo que, ya de por sí, estamos bastante acostumbrados.

Badajoz tiene tres casos confirmados y experimenta una situación que comienza a ser preocupante con el ingreso hospitalario de tres personas, una de las cuales se encuentra en cuidados intensivos. El área de salud de Don Benito-Villanueva de la Serena ha notificado otros tres casos positivos y la de Navalmoral de la Mata ha confirmado otros tres contagiados relacionados con el brote de Peraleda de la Mata y además tiene un paciente ingresado.

La movilidad de la población entre provincias, comunidades autónomas y países de dentro y fuera de la Unión Europea se encuentra detrás de una parte importante de los contagios. Hemos pasado de un «estado de sitio» en el que se controlaba cada movimiento de los ciudadanos, a un régimen de libertad absoluta, y todo ello sin anestesia. De los controles horarios y el confinamiento hemos pasado  al estado vacacional que nos regala un país repleto de casas rurales, playas, ríos y terrazas veraniegas en las que compartir momentos de diversión.

Hace unos días, la Junta de Extremadura autorizó la compra, por la vía de urgencia, de más de 7.000 tabletas para los estudiantes de los centros públicos por si las clases no se recuperaban con la normalidad deseada dentro de dos meses. Y hace tan solo unas semanas, el Gobierno regional invirtió 2,14 millones de euros en la adquisición de material sanitario por si se produce un repunte de contagios en Extremadura.

Con ocho semanas de verano aún por delante es arriesgado predecir lo que ocurrirá, pero si tomamos como referencia los datos que estamos digiriendo cada jornada es lógico que se hagan cábalas sobre la situación que tendremos en otoño. Porque todos los presagios que vaticinaban un octubre complicado se están cumpliendo cuatro meses antes de lo previsto.