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Los pañuelos verdes este año no ondean al compás de la charanga, ni se escabullen entre la muchedumbre de miles de vecinos disfrutando de las tan esperadas fiestas de San Buenaventura.

El toro en la calle, las luces de feria y la música de charanga este año se ha convertido en silencio. Sin astados en el albero y con las calles vacías que frenaron la ilusión de todos aquellos que tachaban días en el calendario para el comienzo de las fiestas.

El coronavirus obligó a suspender los festejos populares, las fiestas de San Buenaventura, y con ella se llevó el sentimiento de miles de moralejanos. Hay muchas palabras difíciles de definir y qué significan las fiestas de San Buenaventura para los vecinos de Moraleja, es una de ellas.

“San Buenaventura nos une, locales y forasteros, en un mismo disfrute, sintiendo la fiesta desde múltiples perspectivas, pero todos unidos en festejar con familia y amigos unos días tan radiantes para nuestro pueblo”, ha destacado el primer edil. “Todos somos conscientes de que la situación mundial que estamos viviendo no permite que nos colguemos nuestro pañuelo verde”, ha señalado César Herrero, alcalde de Moraleja.

Los reencuentros, las comidas en familia, las fiestas con amigos, la generosidad con los forasteros, las charangas de madrugada, los encierros a la una de la tarde. Los primeros besos, los desayunos a la orilla del río, las aglomeraciones para disfrutar de unas fiestas en compañía tendrán que esperar este año.