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Tras tres meses de obras y alguna que otra polémica, los adoquines de la nueva zona peatonal de Navalmoral ya están colocados. A falta de unos remates, que se efectuarán en la segunda semana de enero, el alcalde moralo, Rafael Mateos, se mostró orgulloso del nuevo aire de la localidad. "Hemos acertado. Creo que presta un buen servicio a los ciudadanos, lo demuestra la afluencia de gente", comentó Mateos, quien explicó, además, que los vecinos le paran por la calle para mostrarle su satisfacción.

Atrás quedaron, de momento, las quejas de los comerciantes ante la peatonalización de un tramo de las calles Antonio Concha y González Serrano. La comisión que se creó en el seno de la Asociación del Campo Arañuelo de la Pequeña y Mediana Empresa (Acapyme) para trabajar sobre este asunto se encuentra "en fase de compás de espera", según explicó uno de sus integrantes.

Hasta hoy la afluencia de viandantes ha sido elevada. Y es que, en ningún momento, como remarcó Mateos, se ha impedido el tránsito de gente a pesar de la realización del cambio de adoquinado de la calle. El objetivo de la obra, que ha costado más de 300.000 euros, es crear una zona comercial con atractivo. Por ello se tiene proyectada una segunda fase en la que se colocará mobiliario urbano y para que la que hay destinada una dotación de 120.000 euros.

Bancos, jardineras, fuentes o maceteros colgantes son algunos de los elementos en los que se ha pensado para dar más colorido a la principal arteria morala. Pero éste no es el único cambio pensado para dar un nuevo aire a la localidad. Los problemas de tráfico y la falta de aparcamientos son una de las principales quejas esgrimidas por el sector más escéptico ante la nueva peatonal. "Se deberían haber creado antes las infraestructuras necesarias", dicen en Acapyme.

Para solucinar la escasez de estacionamientos, el ayuntamiento tiene previsto para febrero sacar a concurso un proyecto de obra y explotación de un aparcamiento en la plaza Jacinto Benavente, área convertida en zona azul desde hace escasos meses. De momento, los moralos y visitantes llevan meses paseando por la calle principal sin sortear los coches, sólo las obras.


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