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La fábrica Extremeña de Grasas cumple cuatro de las cinco condiciones para poder reabrir la factoría, cerrada cautelarmente por el ayuntamiento a finales de agosto por la emisión de malos olores.

El punto que a Extremeña de Grasas le falta por formalizar es el control de los vertidos, ya que según han comprobado los técnicos municipales se hacen directamente a la red general de alcantarillado, incumpliendo la ordenanza municipal.

Las aguas fueron analizadas por Aqualia y los parámetros obtenidos no eran correctos. Los resultados se entregaron a la dirección de la empresa, que ayer registró un escrito en el ayuntamiento por el que se compromete a corregir esta última deficiencia.

Así lo afirmó ayer el alcalde, Angel Calle, quien señaló que si la empresa subsana este problema y presenta un escrito formal con una fecha determinada para trasladar la fábrica fuera de Mérida, no tendría problemas en revocar la orden de cierre para que la factoría recuperarse la actividad.

En este sentido, el alcalde explicó que "todos somos conscientes que la ubicación actual de la empresa ya no es la adecuada. Cuando se construyó, sí, pero ahora no".

Calle subrayó que la decisión responde a la "necesidad de defender el empleo, este es el objetivo número uno, especialmente en las difíciles circunstancias económicas actuales, porque el valor del trabajo, y son 32 empleos, está por encima de cualquier otra consideración".

Así las cosas, el próximo martes, el alcalde recibirá a los directivos de Extremeña de Grasas, a los que comunicará las últimas condiciones para revocar la orden de cierre cautelar.


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