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La mayor parte de las estaciones de autobuses de la región presentan importantes deficiencias de seguridad, limpieza o ambas, hecho grave si se tiene en cuenta que son el primer contacto con Extremadura de muchos viajeros, según destacó ayer el secretario general de la Unión de Consumidores de Extremadura (UCE), Javier Rubio.

Según un informe elaborado por esta organización tras recorrer 29 estaciones extremeñas, un tercio no tiene actualizadas las revisiones de los extintores o, directamente, ni los hay. En las otras están al día en mantenimiento pero carecen de planos de evacuación o señalización.

Además, estos lugares de ida y venida de viajeros son verdaderos "paraísos para los carteristas" según Rubio, ya que ninguna estación cuenta con cámaras de vigilancia o guardias de seguridad, y solo en tres se apreció presencia policial.

 

SUCIEDAD Otro problema común es el de la suciedad. Basura acumulada en los lugares comunes, papeleras rebosantes de desperdicios, dársenas cubiertas de aceite con grave riesgo de caídas, aseos sucios, sin luz ni papel higiénico ni jabón, y a veces cerrados o inutilizables, afectan a más de la mitad de las estaciones.

Además, y pese a ser preceptivo por ley, ninguna cuenta con servicios sanitarios, "y solo en unas pocas existe un pequeño botiquín", explicó Rubio.

¿Y la información al viajero? El responsable de UCE apuntó que es otra de las deficiencias más sangrantes.

A excepción de las de las principales ciudades, y no todas, en el resto existe ventanilla de información, pero está cerrada, o cuentan con paneles digitales que no funcionan y la megafonía guarda silencio. No hay ni planos ni información turística, y para obtener algún dato es necesario pedirlo a los camareros de las cafeterías.

Este parece ser el único servicio que funciona más o menos decentemente, asumiendo además funciones que no deberían, como la propia información e incluso la venta de billetes.

Pero además, el buen funcionamiento sólo afecta al servicio de barra. Los aseos de las cafeterías, según el informe de UCE padecen el mal común: sucios, sin mantenimiento y en muchos casos –otra vez vulnerando la ley– no están adaptados para minusválidos o éstos tienen que volver a la barra para pedir la llave porque están cerrados.

La conclusión de Rubio es clara: unas buenas instalaciones en general, infrautilizadas en la mayoría de los casos y mal cuidadas en otros.


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