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Ecologistas en Acción ha puesto hoy en marcha un registro de no cazadores, en la dirección www.ecologistasenaccion.org, para que todas las personas que no practican esta actividad reivindiquen sus derechos, al considerar que la práctica cinegética "genera agresiones a la naturaleza", da lugar a "numerosos conflictos sociales" y resulta "éticamente reprobable" al realizarse "fundamentalmente con fines económicos o lúdicos", informa El Periódico Extremadura.

La organización sostiene en un comunicado que frente a una actividad "tan agresiva" como la caza, cada día hay más personas que "usan el medio natural de forma pacífica y respetuosa", diversificando así las actividades ligadas al disfrute de la naturaleza y generando "una creciente renta económica en el medio rural".

Entre estas prácticas no agresivas con el medio ambiente, Ecologistas en Acción señala los casos del senderismo, la bicicleta de montaña, las rutas a caballo, el montañismo, el piragüismo, la observación de aves "y un largo etcétera".

La "intensificación creciente" de la caza y la "falta de una regulación y control" acorde con los tiempos actuales "altera, cuando no impide, que se lleven a cabo estas actividades en condiciones de seguridad y tranquilidad". La caza, añade el colectivo, condiciona el paso de las personas y aleja el contacto con las especies animales, "limitando múltiples actividades que sí son ambientalmente responsables".

Sin embargo, Ecologistas lamenta que "de manera incomprensible, un millón de cazadores, que supone menos del 4 por ciento de la población española, ha conseguido supeditar el derecho de una gran mayoría no cazadora a la práctica de una actividad controvertida y excluyente dónde las haya", y que además contradice el artículo 45 de la Constitución, en el que se indica que todos los ciudadanos tienen el "el deber de conservar y el derecho de disfrutar del medio ambiente".

Según Ecologistas, en España la caza provoca cada año la muerte de unos 50 millones de animales, y además "se envenena el medio ambiente y, en particular, a la avifauna con el vertido de unas 6.000 toneladas de perdigones de plomo"; pone "puertas al campo" mediante la colocación de cancelas y el levantamiento de miles de kilómetros de vallados cinegéticos.

También, indica el colectivo conservacionista, provoca la "desaparición" de la fauna silvestre autóctona mediante "sueltas incontroladas" y, sobre todo, a través del "uso todavía muy extendido de venenos, lazos, y cepos para acabar con los depredadores"; da lugar al "maltrato animal, no sólo de las víctimas de la caza, sino también de los perros que se emplean en rehalas y cacerías".

 


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