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viernes. 29.05.2026 |
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Herrera del Duque, el castillo que vigila el corazón salvaje de La Siberia

Castillo de Herrera del Duque
Herrera del Duque, el castillo que vigila el corazón salvaje de La Siberia

La subida hasta el castillo no es solo un paseo; es una pequeña expedición hacia siglos de historia. El sendero asciende lentamente entre vegetación mediterránea, aromas de jara y tomillo y el vuelo ocasional de aves rapaces que sobrevuelan la sierra.

Hay lugares que no necesitan artificios para conquistar al viajero. Basta el silencio, la piedra y el horizonte. En el noreste de la provincia de Badajoz, entre sierras suaves, caminos rurales y dehesas interminables, Herrera del Duque aparece como uno de esos rincones donde Extremadura se muestra auténtica, serena y poderosa.

Situada al sur de Castilblanco y rodeada por manantiales de aguas ferruginosas, esta localidad de la comarca de La Siberia guarda uno de los tesoros patrimoniales más sorprendentes del territorio: su antiguo castillo almohade, una fortaleza sobria y desafiante que parece brotar directamente de la roca viva.

Los orígenes del castillo parecen ser musulmanes. Con posterioridad perteneció a la Orden de Alcántara y a la jurisdicción de los ducados de Osuna, Béjar y Vizcondado de Puebla de Alcocer.

Entrada al castillo de Herrera del Duque.
Entrada al castillo de Herrera del Duque.

UN CASTILLO SUSPENDIDO ENTRE LA HISTORIA Y EL PAISAJE

La subida hasta el castillo no es sólo un paseo; es una pequeña expedición hacia siglos de historia. El sendero asciende lentamente entre vegetación mediterránea, aromas de jara y tomillo y el vuelo ocasional de aves rapaces que sobrevuelan la sierra.

Cuando el visitante alcanza la cima, entiende por qué aquel lugar fue elegido hace siglos para levantar una fortaleza casi inexpugnable. El castillo se alza sobre un enorme peñasco al sur de la villa, dominando todo el valle y ofreciendo una panorámica que corta la respiración.

No es una fortaleza monumental al uso. Carece de grandes adornos, torres ostentosas o complejos sistemas defensivos. Su fuerza reside precisamente en esa austeridad. Construido en época almohade con una singular planta octogonal adaptada al terreno, el castillo conserva todavía parte de su poderosa estructura de mampostería, con muros de hasta cuatro metros de grosor y cerca de quince metros de altura.

Aún pueden distinguirse restos del aljibe abovedado, antiguas mazmorras y espacios interiores que evocan la vida de quienes habitaron este enclave fronterizo durante siglos de conflictos y reconquistas. El viento golpea las piedras mientras abajo, diminuto, descansa el pueblo blanco de Herrera del Duque.

Vista desde fuera del castillo de Herrera del Duque
Vista desde fuera del castillo de Herrera del Duque.

LA SIBERIA, UN MAR DE NATURALEZA EXTREMEÑA

Desde las alturas del castillo, la mirada se pierde en la inmensidad de La Siberia, una comarca reconocida por sus paisajes vírgenes, embalses infinitos y una biodiversidad que convierte cualquier escapada en una experiencia profundamente natural.

Aquí el tiempo parece avanzar más despacio. Las carreteras secundarias serpentean entre encinas, monte bajo y pequeñas fincas donde todavía se escucha el sonido de los cencerros y el rumor del campo. La riqueza de su fauna convierte cada paseo en una oportunidad para descubrir ciervos, aves y otros animales que forman parte de uno de los ecosistemas mejor conservados del país.

Herrera del Duque es también una invitación a caminar sin prisas. Después de la visita al castillo, el recorrido continúa por las calles del municipio, donde el viajero encuentra plazas tranquilas, fachadas encaladas y rincones que conservan el sabor de los pueblos extremeños.

Vistas desde el castillo de Herrera del Duque.
Vistas desde el castillo de Herrera del Duque.

El Castillo del Duque es un buen ejemplo de fortaleza señorial del siglo XV, situada a gran altura y dominando la población. Tiene forma de octógono irregular de 183m. de perímetro, con muros de 12m. de altura y, entre tres y cuatro metros de grosor, con una única puerta en la cara este. Está construido en mampostería y ladrillo. El castillo fue erigido por don Gutierre de Sotomayor, maestre de la Orden de Alcántara, que obtuvo de Juan II estas tierras en 1411.

En el siglo XVI, en tiempos del duque don Francisco Zúñiga y Guzmán Sotomayor, de quien toma el apelativo, sufrió algunas reformas. Este personaje fue un mecenas que, prácticamente, arruinó a sus descendientes, pese a ser el dueño de un señorío de 4.000 kilómetros cuadrados.

También resultan de interés la Custodia, piedra de plata de casi 40 kilos de peso, ejecutada asimismo en el XVI por los artífices Gregorio Vorja y Franco Morales, y el Sagrario, éste de factura moderna, fabricado en 1.944 por Mariano Malagón.

En un extremo del caserío se conservan los maltrechos restos del antiguo convento franciscano de San Jerónimo, fundado en 1.517 por Don Antonio de Sotomayor, hoy de propiedad particular y utilizado como garaje y almacén.

Castillo herrera
Castillo de Herrera del Duque.

EL VALOR DE LO AUTÉNTICO

En una época marcada por las prisas y los destinos masificados, Herrera del Duque representa otra manera de viajar. Aquí no hay colas ni escaparates diseñados para turistas apresurados. Hay historia, cielos limpios al caer la tarde y paisajes que obligan a detenerse.

Descubrir este rincón de Extremadura es comprender que aún existen lugares capaces de emocionar desde la sencillez. Un castillo olvidado entre montañas, un pueblo que mira al horizonte y una comarca entera esperando ser recorrida lentamente, como merecen las tierras que conservan intacta su alma.

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