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viernes. 15.05.2026 |
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Diálogo con una persona ciega

Persona ciega.
Diálogo con una persona ciega

El encuentro revela la profunda conexión que se puede establecer a través del tacto y otros sentidos, destacando el trabajo esencial de la ONCE en la inclusión social.

Un día coincidí en un acto con una persona con discapacidad visual. Iba saludando a quienes conocía y presentándome a quienes no conociere. Me presenté a dos mujeres, una de ellas con discapacidad visual. No supiere ni preguntare si fuere total o parcial.

Hubiere tratado en vida a un familiar ciego, con ceguera sobrevenida por accidente. Le hablaba como si me viera. Veía sin ver más que muchas personas con vista normal. Sabido fuere que las personas ciegas perciben el mundo potenciando sus otros sentidos: oído, olfato y gusto y tacto. El sentido que les falta lo suplen potenciando los otros. El oído detecta la orientación, el volumen, el tono, la dirección; el olfato identifica lugares y entornos; el gusto ayuda a comprender el entorno cercano; el tacto es clave para su lectura en Braille y para el reconocimiento.

No supe si fuere persona con discapacidad visual total, si no veía nada o si viere algo. Lo que sí detecté enseguida fue su alegría por saludarla y conocerla. Me hablaba como si me conociera de toda la vida; pero, ¿me vería? Se lo preguntaré cuando la vuelva a ver. Trabajaba, junto a su compañera, en la ONCE. No apreciamos lo suficiente la labor de esta institución no solo con las personas con discapacidad visual, sino con otras personas discapacitadas.

Le pregunté a quiénes representaban, qué hacían allí. Me respondía más la primera que la segunda. Y hasta me pidió que me hiciere unas fotos con ellas, que yo no hubiere. Intento recordar su cara, pero no puedo, porque no la veo. El ciego ahora soy yo.

SU SENTIDO DEL TACTO

Me llamó la atención su sentido del tacto. No le fuere suficiente el oído, el olfato y el gusto. Y me tomó la mano mientras hablábamos. Necesitaba sentirme. Las personas con discapacidad visual perciben el tacto con más rapidez que las videntes. Detectan la información táctil más rápido que las personas con visión normal. Y con esa naturalidad, la normalidad se abría paso y seguimos hablando de nuestros días y
trabajos…

Había visto a otra mujer a la que reconocí por la foto. Y las dejé, despidiéndome con un beso sin soltarle la mano. Tenía que volver. Ni siquiera sabía que teníamos una comida. Hubiera sido ocasión bastante para conocernos más y mejor. Nunca recibí la foto hecha con su móvil.

Recordé que, en otra ocasión, al salir de casa, la acera estaba casi toda cortada por obras. Llegó una mujer con discapacidad visual severa y su bastón se topó con la obra. Preguntó en alta voz si no se podía pasar. Le pregunté que, dada la situación, me diese la mano, que la pasaría por el pequeño pasillo que habían dejado en la acera yentre los vehículos estacionados en la calzada. Así lo hizo y, una vez pasado el tramo, le dije que ya tenía la acera libre y se despidió de mí, dándome las gracias.

Evocamos cada día el olor de colonia de la pareja perdida; el sabor de una comida; el tacto de una mano; el gusto de un entorno, todos perdidos de quienes se fueren y con quienes no compartimos ninguno de nuestros sentidos; pero no olvidamos esos gratos momentos, vivos, aun invisibles, vividos con aquella mujer con discapacidad visual…

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