“Lo he perdido todo, pero seguimos vivos”: los vecinos de La Isleta se levantan tras la riada
La recuperación será lenta. Los trabajos actuales se centran en retirar enseres dañados y esperar a que la humedad desaparezca. Mientras tanto, la comunidad de La Isleta intenta reconstruir no solo sus viviendas, sino también la normalidad.
La calma comienza a regresar a La Isleta tras el desbordamiento del río Alagón, que obligó a desalojar de forma preventiva a decenas de vecinos después de varios días de intensas lluvias y crecidas. Entre ellos se encuentra Isabel Martín, residente desde hace 28 años en esta barriada cauriense, quien ha relatado en primera persona cómo ha vivido uno de los episodios más difíciles de su vida.
“Ahora estoy muchísimo más tranquila”, explica, apenas unos días después de poder regresar a su vivienda. Sin embargo, la vuelta no ha sido fácil. “En mi caso lo he perdido todo: muebles, electrodomésticos, ropa… todo. Pero hemos salvado el negocio y la vida, y eso es lo más importante”.
DESALOJO
Isabel y su marido abandonaron su casa cuando el nivel del agua comenzaba a subir de forma preocupante. “Salimos in extremis. Intentábamos salvar todo lo que podíamos, pero la Policía Local nos insistía en salir. El río empezó a coger un nivel bastante importante y ya no podíamos quedarnos”.
La vecina destacó la actuación de los servicios de emergencia y de las administraciones públicas durante los días más críticos. “Nunca estaremos lo suficientemente agradecidos. Policía Local, Guardia Civil, bomberos, Protección Civil, el ayuntamiento, siempre han estado al pie del cañón”.
La solidaridad también se extendió entre los propios residentes y empresas de la zona. “Nos hemos hecho una piña. Amigos, vecinos, gente que ni conocía, esto ha servido para unirnos muchísimo”.
28 AÑOS SIN PRECEDENTES
En casi tres décadas viviendo en La Isleta, Isabel asegura no haber visto nunca una situación similar. “Ha subido alguna vez un poco, pero nada como esto. Sabíamos dónde vivimos, pero nunca pensábamos que iba a pasar así”.
La vivienda, construida en planta baja al aprovechar parte de una edificación previa cuando llegaron a Coria “sin un duro”, ha quedado completamente anegada. “Habrá que esperar a que se seque todo. Ahora más que limpiar, estamos tirando”.
EMOCIÓN EN LA VUELTA
El regreso a las casas estuvo marcado por la emoción y la incertidumbre. Tras un primer intento frustrado —cuando tuvieron que volver a desalojar por una nueva subida del río—, la entrada definitiva fue un momento inolvidable.
“Hicimos un vídeo y eso quedará para la prosperidad. Fue muy emocionante”, relató. A pesar de las pérdidas, el sentimiento general entre los vecinos es de resignación y fortaleza colectiva. “Unos hemos perdido más, otros menos, pero estamos todos juntos y eso es lo que nos queda”.
Isabel reconoce que los primeros días fueron de lágrimas constantes. “Pero llorar no sirve de nada. Hay que tirar para adelante. A unos les toca de una forma y a nosotros nos ha tocado así”, aseguró.
EL NEGOCIÓ, LA TABLA DE SALVACIÓN
Dentro del drama, una buena noticia: el negocio familiar, una empresa de recreativos situada en una zona más elevada, no sufrió daños. “Es nuestro medio de vida. Gracias a eso podremos empezar a comprar todo de nuevo, porque nos falta todo”, afirmó.
La recuperación será lenta. Los trabajos actuales se centran en retirar enseres dañados y esperar a que la humedad desaparezca. Mientras tanto, la comunidad de La Isleta intenta reconstruir no solo sus viviendas, sino también la normalidad.
“Somos gente trabajadora, muchos hemos empezado desde cero más de una vez”, afirmó Isabel. “Esto ha sido muy duro, pero también nos ha enseñado la cara buena: ahora somos más vecinos que nunca”.
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